miércoles, marzo 04, 2009

La Vida de los Otros




Por: Yamid Galindo Cardona

En el año 2006 se filmo una película alemana titulada “La Vida de los Otros”, cinta que recibió un sinnúmero de premios internacionales por su gran factura argumentativa, ejemplo es su escogencia a mejor película extranjera en los premios Oscar del año 2007. El espacio de la historia se desarrolla en la antigua Berlín Oriental -RDA- en los últimos años -1984- de la guerra fría, mostrando las prácticas ejercidas por la policía estatal llamada Stasi sobre el medio intelectual. La trama nos pone frente a un oficial bastante entregado a su trabajo: Escuchar que se habla desde el apartamento del piso de arriba que habita una pareja especial, un escritor y una actriz, peligrosos y sospechosos para el régimen. Los favores amorosos de la actriz a un ministro, posibilitan que el escritor quede libre de ejecución, así sus conversaciones sean escuchadas; hasta que la dama no entrega más su cuerpo y se desata una búsqueda de pruebas para colocar frente al paredón al sospechoso intelectual, pero la humanización del oficial - al enterarse de la corrupta política de su partido y entidad policial-, hace que esconda pruebas que comprometan a sus vigilados, protegiéndolos de inmediato. Lo que sigue en la historia es el miedo de la actriz por la posibilidad de ser encarcelada y torturada, pánico que tiene un triste desenlace al ser atropellada por un vehículo; luego, el oficial de la Stasi es relevado de su puesto a la oficina de correo, esta vez para leer cartas y delatar a posibles contradictores del gobierno. Finalmente, la vida colocara al escritor vigilado y al oficial jubilado, en puntos comunes bajo la post-guerra fría, un libro que narra la historia de cómo fue custodiado bajo la referencia de identidad de su guardián; el ex oficial al darse cuenta de este trabajo, decide comprarlo bajo la pregunta del librero: “Lo quiere para regalo” y la respuesta única y significativa, “Es para mi”.

En Colombia igualmente nos escuchan o nos chuzan. Días atrás se armo un gran escándalo nacional por la interceptación de llamadas por parte del Departamento Administrativo de Seguridad –DAS-; periodistas, políticos, dirigentes sindicales, magistrados, investigadores sociales, escritores, entre otros que seguro no sabemos o sospechamos saber, se vieron envueltos en esta ilegal práctica que se vuelve legal cuando hay una orden jurídica, y que el gobierno actual maneja “sin” control en aquellos que ve como sus contradictores. El escándalo pasó sin pena ni gloria, porque las soluciones tardaran en verse, y los responsables no saldrán de su concha; vimos a un ministro hablar desde los Estados Unidos sobre la necesidad de sanar a un enfermo con la eutanasia, y escuchamos a su jefe desvirtuándolo con otra solución en una escena bastante militar donde el único general sin uniforme era él, digno de un país con régimen castrense que pone a sus altos mandos en primer plano con un objetivo bastante mediático y miedoso, como queriendo mandar un mensaje directo a los que saben desde donde vienen las ordenes de escuchar “la vida de los otros”.

La cinta alemana, y el escándalo colombiano tienen gran parecido, los contextos políticos están diseñados para sospechar de aquéllos que no comparten las acciones estatales, en este caso ligadas a las contradicciones y desacuerdos con la forma de dirigir el país, cualquier ciudadano que piense diferente a como quiere el régimen, se vuelve susceptible de ser investigado y quebrantado en uno de sus derechos primordiales como es la privacidad. En este país de informantes es peligroso lanzar opiniones sobre lo que no nos gusta de su gobernante, una plaza pública, un taxi, el vecino de enfrente, o la misma vida académica, son espacios en los que te puedes ver en problemas -resultado de la polarización extrema que vivimos de izquierda y derecha-, ya que el afán de tener una nación libre de terroristas y bajo el sacro terreno de la obra de Dios, nos ha llevado a convertirnos en posibles delincuentes que buscan desestabilizar las instituciones gubernamentales, entre ellas la más importante: La Seguridad nacional.

Así como el agente de la Stasi escuchaba al intelectual, el agente del DAS grababa conversaciones para encontrar claves que desestabilizaran al estado colombiano; seguro más de un ciudadano común y corriente está en el listado, porque recuerden: Todos somos sospechosos si no estamos con el régimen.
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