22.5.09

¡Cine arte, cine clásico, cine de cartelera!


Por: Yamid Galindo Cardona

En Bogotá, cuando caminas por la calle séptima en vía a la diecinueve, encuentras a una serie de vendedores ambulantes, o empleados de la informalidad que tanto aqueja a nuestro país ofreciendo películas a viva voz con el lema: ¡Cine arte, cine clásico, cine de cartelera! Tienen ocupadas sus manos con la oferta cinematográfica, y en unos metros, parte del mercado sobre algunos cartones que ocupan parte del espacio público -siempre listos a huir cuando un par de “hombrecitos verdes” vienen a su asalto-, y si la cinta que usted quiere, no esta allí, pues simplemente el vendedor pide una espera para inmiscuirse en medio del conglomerado humano para traerla, y la trae.

Lo que llamamos piratería, es el asunto de la venta, algunos la persiguen hasta judicializarla por violar lo que conocemos como derechos de autor, otros la aceptan como una vía propicia de tener a la mano muchos filmes, y el mismo reconocimiento underground –algo que algunos artistas aceptan- que esto trae, llegando inclusive a las esferas de la música. La operación es sencilla, es más económico obtener una película en la calle, que en los centros de distribución reconocidos que pagan impuestos y todas las medidas de ley. Se encuentran cintas de distribución económica bien editadas desde $9.000 hasta $30.000; pero igualmente encontramos precios que oscilan entre $45.000 y $230.000, por colocar un ejemplo, una cifra fuerte para personas que como yo, gustan de conseguir lo mejor de la cinematografía mundial. Pero una película pirateada oscila entre $2.000 y $5.000, o en los mejor de los casos $1.000, lo que vale un DVD en limpio o virgen. Igualmente tenemos programas en la web que nos posibilitan bajar películas, y la más común esta representada en cada disco duro que tenemos en nuestras casas, con reproductor y copiador de DVD, creándose un circuito descontrolado que pasa por nuestros familiares y amigos, donde hacemos copias de alguna película que conseguimos “original” o “quemada”.

El cine desde su nacimiento comenzó a dividirse en temáticas que con el tiempo se convirtieron en lo que llamamos géneros, pero el cine que es la representación de las imágenes en movimiento, es uno solo en su esencia más pura. Las tres formas en que nuestro vendedor ambulante ofrece el cine, es la caracterización con la cual una persona del común se le acerca a comprar el producto. Por lo anterior, paso a definir las tres clases de cinematografía que se nos ofrece.

Cine arte
De entrada es una redundancia decir “cine arte”, ya que el cine es considerado el séptimo arte, y no se escucha, ni se lee los conceptos pintura-arte, música-arte, escultura-arte, etc. Las imágenes en movimiento se consideran arte desde la aparición del texto vanguardista denominado Manifiesto de la Siete Artes escrito en 1911 y publicado en 1914 por Riccioto Canudo, este autor afirma que la idea de que el cine pudiera ser un arte, no surgió en las inventivas de sus propios creadores, ni Thomas Alba Edison, ni los hermanos Auguste y Louis Lumiére tuvieron una concepción estética del cine durante los primeros años del nuevo invento. A Canudo se le debe el difundido término Séptimo Arte, como resultado de un postulado, creyendo ver en el cine un epicentro y una posible culminación de varias artes: pintura, arquitectura, escultura, poesía, danza y música. También se le deben otros escritos en los que propone el concepto de fotogenia - cualidad fotográficamente favorable o expresiva de un personaje o un objeto-, el porvenir del cine hablado, del cine en color y la enseñanza del cine; fundó el primer cine club conocido: El club des Amis du Septiéme Art; afirmando en su manifiesto que la teoría de las siete artes ha ganado mucho terreno, aportando una clasificación a la total confusión de géneros e ideas como una fuente de nuevo reencontrada. Reprochó a los llamados tenderos del cine que se habían apropiado del término Séptimo Arte, sin aceptar la responsabilidad impuesta por la palabra arte; centro su llamado de atención en los cambios del cine, que en palabras del autor estaba empezando a balbucear para entrar en la infancia, cercano a la adolescencia, a despertar su intelecto y a multiplicar sus manifestaciones.[1]

El mal usado concepto Cine Arte empezó a escucharse en nuestro territorio colombiano hace aproximadamente diez años atrás, en la publicidad de algunos espacios que le daban cabida a algunas distribuidoras independientes, que introducían el otro concepto más acertado denominado Cine Independiente –aquel cine que estaba realizado por fuera de las productoras reconocidas, con historias nuevas, nuevos directores, actores etc.-, y que exhibían y exhiben las denominadas igualmente salas independientes representadas en cinematecas, cine clubs, teatros de los museos, espacios universitarios etc. Igualmente, el concepto Cine Arte fue recogido por un programa de televisión que todavía pone a trasnochar a algunos los días viernes, con la mala idea de dos presentadores que hacen demasiada larga la exhibición de su excelente programación. El Cine Arte es el que se considera alternativo, no comercial, con historias por fuera de los parámetros establecidos, inclusive algunos en nuestro país ubican al cine europeo y latinoamericano en esta categoría. Tomándome el atrevimiento, Cine Arte es aquel que cada uno desde su criterio después de observar una cinta, le da a una obra cinematográfica por el mensaje que le entrego desde la puesta en escena, la dirección, la actuación y el mensaje final entregado, lo cual posiblemente le arranco lágrimas, rabias o risas, inclusive, porque no la entendió.

Cine clásico
Acertado concepto en el que algunas obras de la cinematografía mundial se han convertido por su aporte a la industria, y el arte. Dentro de cada género encontramos obras de este tipo, y cada país posee sus obras clásicas. El cine clásico podríamos definirlo, recogiendo las palabras del profesor Lauro Zavala como “aquel que respeta las convenciones visuales, sonoras, genéricas e ideológicas cuya naturaleza didáctica permite que cualquier espectador reconozca el sentido último de la historia y sus connotaciones. El cine clásico, entonces, establece un sistema de convenciones semióticas que son reconocibles por cualquier espectador de cine narrativo, gracias a la existencia de una fuerte tradición”.[2] El vendedor de este cine nos ofrece en la calle copias de Lumiere, Mélies, Chaplin, Eisenstein,Wilder, Truffaut, Godard, Polanski, Fellini, Buñuel, Pasolini, Visconti, Huston, Kurosawa, Bergman, Kubrick, Hitchcock, Kazan, Bertolucci, Welles, Visconti, Tarkovski, Renoir, Peckinpah, Saura, Fassbinder, Herzog, Coppola, Allen...

Cine de cartelera
El vendedor se te acerca con una hoja plastificada con la oferta del cine de cartelera, y al final con el logo de la empresa Cine Colombia, obviamente es el gancho para indicarte que ya ellos tienen la última, inclusive sin estrenarse, del estreno de temporada. Y como los precios de la boletería en este circuito de salas es costosísimo para un gran porcentaje de la población, que mejor que comprar lo que la cartelera ofrece. Pero ver este tipo de copias es lo peor que te puede suceder, empezando por la pésima imagen –borrosa, desenfocada-, las risas de fondo cuando la escena es divertida, la cabeza de alguien que va al baño y la misma cuando regresa, el niño que habla, y la señora que pasa por una de las filas con crispetas y vasos de gaseosa; así que ves dos películas, la pésima copia y los transeúntes inoportunos que reflejan su sombra cuando se paran de su silla.

Los espacios abundan con la oferta de copias cinematográficas en el formato DVD: universidades públicas, pulgueros, centros de fotocopiado e internet, y seguro un vendedor nómada que se arriesga con el cine a su puerta. Si en algún momento se encuentra a uno de estos vendedores en la calle, seguro esta guía que brevemente le he presentado, le servirá para identificar el producto; y si usted, es una persona que aborrece este mercado, que le podemos hacer, esa es la tecnología y nos puso a la mano la posibilidad de ver obras de la cinematografía que antes era imposible observarlas. Y por ahora los dejo, porque tengo en el reproductor una copia de La Parada de los Monstruos de Tod Browning del año 1932, una película clásica del género de terror, a propósito, me la copio un amigo.



[1]Joaquín Romaguera I Ramio- Homero Alsina Thevenet. Textos y Manifiestos del Cine. La Estética. Manifiesto de las Siete Artes. Cátedra, Signo e Imagen. España 1989.
[2]Lauro Zavala. Cine clásico, moderno, y posmoderno. http://www.razonypalabra.org.mx/anteriores/n46/lzavala.html
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