11.7.09

La cultura caleña de luto, réquiem por Maritza Uribe de Urdinola

Por: Yamid Galindo Cardona.

Conocí a la señora Maritza en febrero del año 1996, con cierta ansiedad me dirigí a su oficina del segundo piso en el primer edificio construido por su gestión en la fundación del Museo la Tertulia en el antiguo “charco del burro”, y digo con nerviosismo, porque ella me quería conocer, era su nuevo empleado en la institución, y ocuparía las funciones de portero en la Cinemateca la Tertulia. Al entrar, vi a una mujer sentada en su silla, leyendo y en dirección a las amplias ventanas de vidrio que dejan notar la avenida Colombia, al notar mi presencia me invitó a sentarme, dejando de leer, luego posó su mirada penetrante y altiva sobre mi rostro, se presento, y acto seguido cogió con sus dedos un cigarrillo que traía ya su recorrido, y con la misma elegancia de a su andar, hablar y escribir, lo llevo a su boca. Lo que siguió fue un monólogo sobre la importancia del museo en la región y el país, el compromiso que como empleado debía tener, el sentido de pertenencia, y la eficacia en la labores encomendadas como orientador en la sala de exhibición cinematográfica. Esas recomendaciones con el tiempo, fueron adoptadas de forma bastante excesiva, diría yo, algo que jugaría en contra cuando hubo cambio de dirección, y la mística comenzó a perderse, el espacio a deteriorarse en sus funciones administrativas, y la decadencia abrazó lo construido con tanto esfuerzo, porque hay direcciones excelentes y remedos de dirección mal copiados con sus asistentes de presencia sospechosa y arribista.

Los cimientos de su empresa cultural, que datan desde la década de los años cincuenta del siglo XX, se forjaron bajo su filantropía, y compañía de amigos que vieron en su idea la mejor de las opciones para una ciudad que apenas salía de su esencia rural para convertirse en urbe reconocida. Muchas personas acompañaron su proyecto, el espacio se queda corto para nombrarlas, sin embargo, por su importancia se debe recordar a la señora Gloria Delgado como su compañera de dirección hasta el año 2004, amigas de trabajo, viajes, y actividades lúdicas, recuerdo su asistencia a ver cine, siempre puntuales y muy pendientes a la salida de enviarle un mensaje al operador por los cambios de rollo, el sonido y el enfoque de algunas escenas, inclusive con una visita a la cabina en plena mitad de película para preguntarle a Erwin –el hombre del proyector- que sucedía. Igual reconocimiento merece Ana Ruth Velasco, mejor conocida como “Rukita” quién ya nos había dejado de este mundo terrenal, gestora entusiasta del taller infantil, idea apoyada por la señora Maritza quien posibilito un espacio y lo llevó junto a “Ruka” a otros sitios de la ciudad. El curador y crítico de arte Miguel González asumió con liderazgo su tarea de traer artistas en exposiciones individuales y colectivas, adquirir obras para la colección y entregarle un reconocimiento internacional al museo, con el apoyo irrestricto de la señora Maritza. Desde la misma fundación del museo, el cine tuvo un espacio con proyecciones en la casa de la señora Maritza en formato de 16 mm, luego en la casona de San Antonio que sirvió como su primera sede, pasando a algunos teatros de barrio como Cine club, y finalmente a una sala propia reconocida como Cinemateca; conocida es la carta de Andrés Caicedo dirigida a ella ofreciendo sus servicios y contando su breve experiencia con el Cine club de Cali, carta que no fue respondida, pero indirectamente correspondida al nombrar a su amigo Ramiro Arbeláez como director, quien estuvo allí hasta mediados de los años ochentas y puso en la cumbre está sala bajo su responsable programación y dirección, que luego pasaría al cineasta Luís Ospina, y posteriormente al “amigo” Eugenio Jaramillo, todos bajo el ojo de esta dama de la cultura.

Pero cada actividad realizada en el Museo de Arte Moderno la Tertulia, bajo la coordinación desde la presidencia de Maritza Uribe de Urdinola, y la dirección de Gloria Delgado, traía el trabajo de un gran personal humano representado en sus empleados, personas que crecieron e hicieron su vida cotidiana con sus labores en este espacio, seres humanos que completan casi los 30, 20 o 10 años vinculados a este museo, mujeres y hombres que asistieron al crecimiento de la entidad bajo el tesón de esta luchadora cultural, inclusive compartiendo en aquellas jornadas de fin de año donde se entregaba regalos, se comía, brindaba y al final la pólvora bullosa en plena noche con la brisa del río Cali, símbolo de despedida del ágape. Seguro Carlos Mirquis extrañara el sinnúmero de diligencias y vueltas personales encomendadas, confianza ganada por su rapidez y efectividad; Saulia e Irma, recordaran las grandes tasas de café o aromática en ciertas horas puntuales; Darío y su vigilancia, prestando atención a su llegada para colaborarle en cualquier aspecto; don Luís muy dinámico para tener el jardín listo y apunto para su ojo revisor; Luz Dary a una sola risa, atendiendo al público en la sala principal del primer edificio, y atenta a su llegada para entregarle información de los visitantes; Laura ajustada a su tiempo de arribo para marcar la tarjeta, evitando llegar después de la salida de la señora Maritza, casi siempre entre 5 y 6 de la tarde; Dolly extrañando los escritos de puño y letra para transcribirlos, editarlos, y luego presentárselos, esperando un juicio de lo realizado, casi siempre positivo y con pocos cambios. Cada una de las personas nombradas en este escrito, se cruzaron en la vida de esta ilustre mujer, cada uno (a) la recordará a partir de una experiencia particular, ella pasó y dejo huella con sus acciones en pos de llevarle cultura a la ciudad, se le ha extrañado y extrañara en la institución, algo que seguro no sucederá con la actual administración y su junta asesora.

La cultura caleña esta de luto, réquiem por Maritza Uribe de Urdinola: ¡la decana de la cultura ha muerto, viva la decana!
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