sábado, septiembre 12, 2009

Profesión: Cineasta


Por: Yamid Galindo Cardona.

En el primer trimestre de 1946, el periódico regional Relator impreso en Cali, publicaba un aviso publicitario que decía en su titulo Aprenda Cinematografía, y a renglón seguido informaba: “Si usted es aficionado o desea iniciarse en la Cinematografía Nacional, ya sea como amateur o profesional, aproveche la brillante oportunidad que le ofrece el “INSTITUTO CINEMATOGRAFICO ARGENTINO”. Inscríbase en el curso “Técnico Cinematográfico” que se dicta por correo y llegará a ser un experto en las distintas especialidades de la industria fílmica como ser: Directores, Argumentistas, Camaramen, Técnicos de Laboratorio y Sonido, Editores de Films, Dibujos Animados. Pudiendo al mismo tiempo concurrir a nuestros estudios e intervenir en clases orales y conferencias, certámenes y concursos…, GRATIS!! Obsequiamos a todos nuestros alumnos con un proyector cinematográfico de calidad para realizar funciones familiares. Solicite sin compromiso nuestro folleto titulado “El cine a su alcance” y matricula para inscribirse, a nuestra dirección postal CASILLA DE CORREO 243, Buenos Aires. Adjuntando el presente aviso”. La publicación hace parte de una seguidilla de cursos, que con los años posteriores encontraríamos en las páginas de la prensa con ofrecimientos de diversos oficios enseñados por correo, algo que podríamos constatar hasta la década de los ochentas del siglo XX, inclusive en los comics, que en sus contraportadas ofrecían estos servicios e invitaban al lector para que se apuntará.

Para la época en que sale el aviso de prensa, el cine hecho en Colombia no sumaba más de treinta producciones, y recién habíamos cambiado del cine silente al sonoro. Teníamos un antecedente con el cine oficial a través de la Extensión Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Educación, que venía desde inicios de los cuarenta sustentado en las llamadas Escuelas Ambulantes, idea que no prospero. Las películas mexicanas y argentinas inundaban nuestras salas; y el cine norteamericano, como efecto de la postguerra, empezaba su monopolio expansivo en Latinoamérica, ubicando en las principales capitales sucursales de las productoras cinematográficas.

El anuncio pudo haber entusiasmado a algún ciudadano caleño para entrar en el curso, o fue la posibilidad de acceder a un proyector para simplemente filmar las diversas escenas familiares. Igualmente significa que el cinematógrafo tenía cierta influencia cultural dentro de la población como medio de entretenimiento, algo comprobable con la gran cantidad de cines que existían en el periodo, con el Circuito de Cine Colombia los teatros: Colombia, Rivoli, Alameda, Roma, Rialto; más los teatros independientes Isaacs, Cervantes, Colon, Bolívar y Sucre; diez salas que ofrecían un programa amplio que se volvía itinerante en algunos casos, espacios públicos que influenciaron la vida cotidiana de una ciudad en pleno desarrollo, y que ya traía cierta influencia con la realización cinematográfica. Por lo anterior, a través de la tradición oral, si fuera posible encontrar a una persona sobreviviente del periodo, y con la capacidad económica para acceder a un curso de cinematografía por correo, podríamos desentrañar los conocimientos adquiridos, las filmaciones hechas, y porque no, las participaciones en años posteriores en producciones documentales y de ficción que se hicieron en la comarca.

En los años sesentas y setentas con la aparición e influencia de los cineclubes, la afición por el cine se fue incrementando, surgiendo estudiosos y críticos de este arte, además de individuos que salieron del país a estudiar cinematografía y otros que lo asumieron con experimentos documentales y afiliaciones a casas publicitarias en la ciudad y el país; este efecto trajo un auge importante de trabajos que al día de hoy hacen parte de nuestra historia del cine colombiano, recordando el inacabado film Angelita y Miguel Ángel codirigido por Carlos Mayolo y Andrés Caicedo con el auspicio de Ciudad Solar; Oiga Vea de Luís Ospina y Mayolo en contraparte al cine oficial de los Juegos Panamericanos celebrados en Cali en 1971, y Agarrando Pueblo finalizando la década de los setentas. Pasando a los ochentas, para consolidarse eso que conocemos como el grupo de Cali o Caliwood, que involucro a otros entusiastas como Oscar Campo que al día de hoy sigue vigente y ha correspondido con su conocimiento a muchos estudiantes desde la academia en la Universidad del Valle y su Escuela de Comunicación Social.

La profesión de cineasta es una actividad consolidada en nuestro espacio a través del oficio de unos pocos, y aplicada desde el ámbito académico para su creciente afición; tiene gran connotación en la actualidad por el interés del Ministerio de Cultura y la Dirección de Cinematografía de consolidar este arte con apoyos financieros en convocatorias y participaciones en festivales internacionales y nacionales, precisamente vivimos una ola de encuentros que incrementan el área de acción para que nuevos y experimentados cineastas presenten sus realizaciones y así obtener a través de la exhibición la aprobación o no de su proyecto. Igualmente, se debe recordar qua la Ley de Cine que nos rige, es bastión de lo que vivimos actualmente en nuestro país con respecto al cine nacional, recordando que en los últimos años hemos visto en nuestras carteleras un sinnúmero de producciones de ficción y documental, ganadoras de premios internacionales, y con gran perspectiva hacia el futuro de la industria, en la cual han convergido lo privado y público en unísono, ejemplo actual de nuestra cartelera la cinta La Pasión de Gabriel de Luís Alberto Restrepo, y la buena acogida que ha tenido en el Festival de Venecia la obra del caleño Jorge Navas titulada La Sangre y la Lluvia.

Escuche por ahí que la profesión: cineasta, esta de moda, tenemos una gran cantidad de jóvenes que se preparan en universidades nacionales y extranjeras, sobretodo Argentina, país que parece se ha convertido en el segundo hogar de muchos nacionales que han salido por las posibilidades que ofrece el estado del extremo sur en aspectos académicos, costos y menos trabas en cuestiones de admisión a sus centros de estudio. Entonces, tendremos a futuro, una gran generación de cineastas, aquellos que seguirán el derrotero con nuevas historias que involucren lo particular de la psiquis humana, o nuestro trasegar cultural, político y social, una necesidad de poder contener con las imágenes en movimiento la realidad actual, tal vez para que no olvidemos y tengamos algo que mostrar a futuro.
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