miércoles, diciembre 16, 2009

Y el Rock and Roll llegó a Cali


Por: Yamid Galindo Cardona.

Buenaventura se puede considerar un epicentro de la cultura musical que directamente benefició a la capital vallecaucana, por allí, en su vía marítima como puerto principal del pacífico colombiano, entraban los discos de acetato en sus diversas revoluciones musicales que pasaban a engrosar los programas radiales del momento, fue así que lo tropical llegado de tierras cubanas impregnó el gusto de los oyentes, igual los boleros y rancheras, melodías que llegaban de la tierra azteca. También el cine hacia lo propio, ante la fuerte cartelera de cine mexicano que inundaba las salas locales, el público veía las estrellas del momento, que participan igualmente en el séptimo arte, inclusive con artistas cubanos que tenían en México un gran mercado, involucrándose con el cine por medio de la famosa productora Churubusco Films.

Seguramente por Buenaventura llegaron otras formas musicales que algún caleño raizal había escuchado en uno sus viajes al país del norte, encargando o trayendo para su colección discográfica acetatos de Jazz, Blues y Rock; este último ritmo tuvo su iniciación en la ciudad con la exhibición de la película titulada en español La Mujer Robada –Love Me Tender- de Robert D. Webb, del año 1956, género musical y como protagonista a Elvis Presley. Así que el Teatro Colón de Cali en febrero del año 1957 estrenó esta cinta, una oportunidad para que los asistentes vieran por primera vez al Rey del Rock, el mismo que los críticos ingleses apodaban “Mr. Pelvis”, por ese movimiento de caderas que lo hizo famoso, y que la televisión norteamericana vetará presentando su show solo de la cintura para arriba, ya que se trataba de un asunto inmoral para los ojos de los televidentes, sobretodo ellas, sus fanáticas.

Unos días después en esta “sucursal del cielo”, el Teatro Aristi exhibía otra película concerniente al tema, se trataba de Al Compas del Reloj –Rock and Round The Clock- filmada en 1956 y que traía varias piezas con los artistas Bill Haley & Comest, The Platters, Tony Williams, entre otros; el programa de este film estaba auspiciado por “La Voz del Río Cauca” que organizaba el primer festival de Rock And Roll con el show artístico de Los Latinos –Locos del Rock and Roll-, el dueto colombiano Calero y Escobar y el trío Morales Pino, además las parejas de baile del nuevo ritmo. El efecto de esta cinta tuvo su resultado, ya que Relator publicaría con dos imágenes los destrozos resultantes de la exhibición de esta cinta, y el titulo “Rockanrollizar: Verbo Bárbaro para Gentes Barbarás”, la siguiente nota:
[…] Vitrinas rotas, gentes heridas, destrozos por todas partes, han sido el primer saldo del “Rock and Roll en Cali. Anoche se presentaba en el Teatro Aristi la película “Al Compas del Reloj” y ello dio ocasión a que la barbarie de muchachos y muchachas –y aun de gentes mayores- se desatara. Alguien dijo: “Rockanrollizar”, un verbo bárbaro para gentes bárbaras”. Estaba haciendo una radiografía. En todo caso Mr Elvis Presley, ha venido, con su tristemente afamado baile, a demostrar que esto de la civilización es una añagaza. Ha despertado el más oscuro primitivismo a personas quienes se les había dado credencial de cultas. Esta fotografía muestra el estado en que quedaron las vitrinas y la taquilla del Teatro Aristi. ¡Que animalidad!

Al leer el comentario, entendemos que este ritmo musical no produjo aceptación en un grupo de la sociedad, aquel en donde estaban incluidos los dueños del periódico, y que veían como la civilización era un artificio donde algunas gentes no tenían un comportamiento aceptable, y se movían como animales en los diversos espacios públicos, en este caso el cine como generador de esparcimiento. Además Relator seguía publicando en su ediciones noticias concernientes al Rock y a Elvis: Primero, que había resultado catastrófico en todos los lugares del mundo, que inclusive los ingleses, tal flemáticos, los había sacado de quicio y los había enfrentado con la policía; segundo, con la incorporación de Elvis Presley al ejercito se solucionaba un problema, ya que remedios aparentemente insignificantes, podían curar grandes males, agregando:

[…] Sin considerar que el “rock and roll” es inmoral, ya que su rápida gimnasia, sus contorsiones y sus esguinces no dejan ni tiempo ni ocasión para el pecado, si creemos que el desaforado interés que la juventud norteamericana muestra por él, es una forma de fuga de la realidad que los sociólogos del futuro analizarán debidamente. Es un mal síntoma el hecho de que la gente joven de un gran país, teniendo al frente nada menos que los gigantescos problemas del mundo contemporáneo, busque refugio en el cansancio físico que produce la frivolidad. Una juventud san debe escoger serenamente la manera de cansarse. En otra forma se cansaban los muchachos griegos. Elvis Presley es el líder de este novísimo sistema de agitación muscular. Las muchachas lo asaltan en la calle, le recorren las patillas con sus largos dedos sofisticados y le arrancan los botones del saco después de romper los cordones de policía que protegen su humanidad y su guitarra. Provocan a su alrededor esa histeria colectiva que tiene su equivalente masculino en los asaltos primaverales a los dormitorios universitarios. Pero formado ya el fenómeno social, viene el buen sentido norteamericano y todo lo remedia. Elvis Presley es llamado a filas, como todo muchacho que cumple la edad y pasa el examen médico. El hombre procede a recortarse las patillas, pero los peluqueros del ejército dicen que no es suficiente, y listan las tijeras para completar la obra. En dieciocho meses de barro, sudor y entrenamiento, el problema será solucionado: Elvis Presley se convertirá en hombre común y corriente, y ya a nadie le llamará la atención.

Pues la sentencia final de la anterior cita fue errada, Elvis siguió siendo el mismo, más famoso, y se convirtió en un icono de la cultura popular norteamericana; siguió llamando la atención e inspiro a otros en muchos espacios del orbe, aquellos que le dieron acordes y formas al género musical, creando subgéneros y posicionándolo culturalmente. Sin embargo nuestro consultado y trascendental gacetillero regional, seguía insistiendo sobre la necesidad de analizar ese fenómeno que pareciese le estaba haciendo tanto daño a la juventud caleña; teniendo en cuenta que Relator era muy leído, y servía de guía civilizador de las familias y personas que accedían a su lectura, publicó apartes de una carta pastoral del arzobispo de Lima donde afirmaba “Atrás el Rock and Roll”, y exponía las siguientes razones:

[…] Este es el mal moderno, está es la triste situación a la que se ha llegado: frecuentar la iglesia por la mañana, quizá acercarse a los Sacramentos, y en la tarde o en la noche usar vestidos procaces; o bien plocamarse católicos porque se cumplen algunos actos del culto externo como queda dicho y acudir sin ningún reparo a espectáculos y exhibiciones, donde a la inmoralidad manifiesta de ciertos bailes afro-históricos se unen ambientes que por las circunstancias que lo rodean son abiertamente pecaminosos y reprobables. Querer disimular o cohonestar esta actitud con la noble palabra de arte o con la línea de moda, o de simple pasatiempo, resulta en boca de un bautizado un sarcasmo degradante o una claudicación vergonzosa. Añádase a ello el ponzoñoso veneno que destilan publicaciones de todo género, la libertad de costumbre, el desenfrenado deseo de lujo y riquezas sin reparar en los medios de obtenerlos, la falta de comprensión, de justicia y de caridad para con el pobre y el necesitado, y se tendrá una idea de la terrible contradicción que existe entre el catolicismo de algunos y su manera de proceder en la vida diaria. Es preciso, por consiguiente, reaccionar ante tamaño mal moral y obrar consecuentemente a los dictados de la fé y de la conciencia. Al mal ejemplo, a la ligereza y a la inconsciencia, oponer la elocuente lección de una conducta elevada y digna, que por encima del tumulto de desbordadas pasiones, tiene la serena alegría y el gozo inefable de un corazón puro, unido a su Dios por la gracia y el amor.

La imagen que acompaña esta epístola sacerdotal peruana son unos danzantes africanos, tal vez conectando con la referencia que el arzobispo hace con respecto a “ciertos bailes afro-históricos” de donde tal vez percibe este representante de Dios sobre la tierra, se nutre el nuevo ritmo pecaminoso y reprobable llamado Rock and Roll. Esta publicación debió haber sido tomada con mucha seriedad por las familias ejemplares y dignas de la providencia católica que habitaban Cali, además por los párrocos que desde los pulpitos alienaron a sus feligreses con la idea del pastor limeño, así que el objetivo informativo de Relator, azuzando en contra de ese “movimiento inmoral”, pudo tener su éxito momentáneo de prohibición y veto, dirigido a las juntas de censura que de seguro prohibieron cintas que incitaban a la inmoralidad pública.

Y el Rock and Roll llegó a Cali causando escándalo, por medio del cine introdujo y motivó un nuevo ritmo sonoro a la sociedad que consumía este tipo de diversión; cautivó a un público que se nutría de otros estilos musicales, observando y escuchando con extrañeza la ligereza de su tonada y baile, que como una corriente eléctrica los movió con los diversos pasos arrolladores de inclinación hacia la pareja, la cual se cogía con una sola mano a través de avances y giros en plena pista de baile, espacio que probablemente comenzarían adecuar las fuentes de sodas, discotecas, y clubes sociales, para los nuevos aficionados. Finalmente, al pasar de los años, el Rock se convirtió en una realidad cultural y social que sirvió para acompañar ciertas ideas “revolucionarias” que buscaban cambiar el mundo, entró a los años sesentas con mucha fuerza, y marcó para la historia cultural estadounidense un medio de expresión básico que al día de hoy sobrepasó sus expectativas, y permeó este punto azul y verde ubicado en el universo llamado planeta tierra.

Fuentes
Periódico Relator, publicado en Cali
-Febrero 26 y 27
-Marzo 22 y 25

miércoles, diciembre 09, 2009

Zamudio


Por: Yamid Galindo Cardona.

Él se llama Jorge Isaac, pero todos lo conocen por su apellido, que parece más un sobrenombre: Zamudio. Físicamente es de estatura media, con pronunciadas entradas y pocas hebras de cabello negro en su cabeza, gafas con lentes “culo de botella”, y un bigote que pareciese nunca se hubiera afeitado y que decora junto a su boca con un cigarrillo y acostumbrado café que de tanto estar allí, ha perfumado su cuerpo. Viste de blue jeans, camisa de color blanco o azul de manga larga remangada, zapatos de color negro, y en su mano un viejo maletín ejecutivo de cuero ya envejecido por el uso, repleto de documentos, como las reseñas de los últimos libros leídos y trabajos a entregar.

Lo conocí en el año 1996 cuando llegó a la entrada de la portería del Cinemateca la Tertulia, y rápidamente giró la registradora estilo bus urbano para mostrarme una carta envejecida de diez años atrás, firmada con puño y letra de Gloria Delgado –directora del museo-, donde se autorizaba “al joven Jorge” para que ingresará sin ningún problema y sin comprar boleta a las funciones de cine. Luego supe, ya en la Universidad del Valle, que era Licenciado en Historia, por lo tanto en el futuro sería su colega académico de profesión, algo que no tardó en notar nuestro amigo cuando un día arribó de sorpresa a una de las mesas de la cafetería de la negra Diosa, en el segundo piso de la Facultad de Humanidades, compartiendo un tinto que terminé pagando yo. De ahí en adelante su asistencia al cine se tornó más constante, sus saludos más largos, casi siempre indagándome sobre autores leídos durante el semestre, sobre el ambiente académico del Departamento de Historia y la referencia constante a Germán Colmenares, Jorge Orlando Melo y Renán Silva, para finalmente terminar hablando de las películas exhibidas en los años ochentas y que él observó en la cinemateca, además del llamado “grupo de Cali”.

A Zamudio le gusta asistir a los eventos académicos relacionados con la historia, que se realizan a nivel nacional, por lo anterior no es raro encontrárselo en los auditorios participando con alguna pregunta que sobrepasa el tiempo estimado, y que parece una charla alterna. Inclusive, algunos novicios investigadores, sienten cierto escozor cuando lo ven en el público, ya que es posible tener de él una pregunta bastante enredada y sobrepasada “lo que dijeron ciertos autores” etc.; el anterior comentario porque lo viví unos años atrás cuando se llegaba la semana del Foro de Estudiantes de Historia, y los estudiantes ponentes que lo conocían –en medio del miedo escénico-, buscaban el apoyo de algún profesor para que saliera en auxilio si era el caso. Hasta que le llegó la hora de ser conferencista en uno de los foros, sorprendiéndome una serie de documentos que me entregó para soportar su perfil, en especial un certificado de participación como ponente en un evento académico realizado en Cuba con el tema de su tesis de grado titulada Las Ideas Políticas de Bolívar; recuerdo de ese foro la novedad que suscito su participación como invitado especial, y el “lleno a reventar” del auditorio Germán Colmenares ese 23 de septiembre de 2004, además de presentarlo y escucharlo a pocos centímetros cuando leía su escrito titulado Desarrollos recientes acerca de la Ilustración en Colombia, siendo uno más de los sorprendidos ante su huida una vez que dio punto final a su lectura, ya que se levanto de su silla, y afanado abandonó el espacio y la sorpresa fue general.

De Jorge igualmente tengo presente su constancia como cliente al Cine club La Tertulia los sábados a las 4 pm, insistiendo sobre la necesidad de programar un ciclo de adaptaciones literarias llevadas al cine, en donde no faltara El Retrato de Dorian Grey -1945- de Albert Lewin, siempre puntual, atento, y ocupando antes de la función algún espacio del museo para desplegarse al igual que en la universidad, con el libro del momento, advirtiéndome un día al indagarle sobre lo que leía, “que esas eran lecturas de postgrado y que yo todavía no tenía el nivel para entenderlas”, sin embargo pude echarle una mirada panorámica y me enteré que se trataba del libro de Malcolm Deas titulado Del poder y la gramática. Y otros ensayos sobre historia, política y literatura colombiana.

Finalmente, debo reconocer que Jorge Isaac Zamudio Franco hace parte de la vida cotidiana del Departamento de Historia, seguro muchos egresados lo recordarán y tendrán presente bajo alguna anécdota, más aún los profesores que han tenido la posibilidad de asistirlo académicamente o por el contrario entablar alguna conversación al “estilo Zamudio”. Para los que no lo conocen, y evitan la posibilidad de cruzárselo, les informo que él simboliza muchas características humanas, algunas de las cuales nosotros poseemos y asumimos en los ambientes académicos, de pasillo, y en los encuentros institucionales etc.