5.3.10

Volvieron los políticos


Por: Yamid Galindo Cardona.

Los partidos
Ahí van, se les ve por las calles, barrios, ciudades, pueblos, veredas y cualquier espacio alejado de nuestro país, repartiendo sonrisas falsas, dando abrazos por doquier, y proponiendo lo mismo que otros ofrecieron y no cumplieron. Algunos bajo las banderas de los dos partidos tradicionales que en algún momento se repartieron el país con la disculpa de aminorar la violencia política que ellos mismos habían alimentado; otros, bajo nuevos partidos surgidos del ideario de un presidente que bajo tres pilares –la seguridad democrática, la confianza inversionista, y la cohesión social- gobernará este país durante ocho años próximos a cumplirse, muchos llegados de otras vertientes, una mezcla burocrática bastante particular que el día de hoy observa preocupada su devenir durante sus próximos años. Otro grupo, de polo amarillo, define con mayor claridad la unión de la izquierda bajo varios grupos que parecen desunidos en su punto más trascendental, como por ejemplo el apoyo político a su candidato presidencial. El verde, reuniendo a tres personajes que se desenvolvieron políticamente en una ciudad, y buscan lo propio con el país y un pequeño grupo que los sigue con esperanza. Una mano tricolor liderada por un ex alcalde, buscando encantar con su acento, y gestión al gobernar un departamento, el mapa colombiano. El resto, son grupos de “dudosa procedencia” –igual que los anteriores- que albergan alianzas paramilitares, pirámides económicas e ideologías malucas como la tan sonada revolución bolivariana del vecino que se encuentra al frente.

Los descendientes
Los “animales políticos” vienen igualmente de algunas familias que han ostentado el poder, eso que llaman “delfines”, asumiendo que son herederos de sus padres, hermanos, tíos, y primos quienes fueron alcaldes, gobernadores, senadores o presidentes, y así generación tras generación, entregan ese bastón que los ubica en la maraña construida bajo prebendas de diversa índole: Gaviria, Uribe, Lleras, Galán, Pastrana, Balcázar, Araujo, Samper, Gómez, López, Lloreda, Turbay, Pastrana, Galán, Char, Nule, Guerra, Londoño, Moreno, Abadía, y así sucesivamente saldrán apellidos en cada región del país, todos acariciados por la divina providencia.

La estrategia
Muchos acogen los “éxitos” del gobernante que han apoyado para proponer sus ideas, y según ellos, seguir adelante porque retroceder nunca; unos candidatos, alejados del gobierno de turno, asumen que hay que mantener algunas políticas implementadas, pero con mejoras trascendentales. Y esos “muchos” y “unos”, en el escenario público, dan de que hablar con los ataques mutuos, las denuncias, y el oportunismo de la coyuntura nacional con el debate actual. Y dependiendo de la chequera, hay cuñas en radio, prensa y televisión, entrevistas pagadas y hasta montajes de descredito porque en la política todo vale. Igualmente, la constante –en sus discursos- es cambiar las formas de hacer política en el país, limpiar las instituciones de la corrupción imperante y mostrarle al país que hay nuevos padres de la patria dispuestos a gobernar positivamente en la medida y necesidades básicas de ese conglomerado que los eligió.

Los que eligen
La población acude en fila un domingo después de escuchar la sirena de inicio de las elecciones y asistir a misa, a entregar su voto, luego de vivir un proceso que por doquier estuvo influenciado por la publicidad, un amigo, un cartel o la obligación por motivo laboral que significa un instinto de conservación, porque le conviene que se sostenga el actual gobierno. En ese espacio electoral se cometen muchas acciones políticamente incorrectas como la compra de votos y de conciencias con promesas o la sostenibilidad de un plan que ya viene en marcha, y beneficia cierto grupo social, muchos dirán las bases. Con la pavimentación de una calle, la construcción de un parque recreacional o de un puesto gubernamental si pone cierto número de votantes, promesas que van prometiendo y amarrando al calor de una reunión donde no falta el licor, las empanadas, el asado, los tamales o el bollo. Pero también sucede que algunos votan obligados con un fusil en el pecho, como ocurrió en las elecciones de hace cuatro y ocho años atrás, colocando caballeros y damas que se les ocurrió refundar la nación; opuestamente otros, también colocando el fusil en el pecho de algún ciudadano, lo obligan a no votar porque los candidatos de ese espacio geográfico son de la alianza gubernamental contradictoria de sus acciones bélicas. Pero es importante recordar que el gran porcentaje de los ciudadanos no se detienen a entender a los políticos, a leer sus propuestas, y asumir un papel de militante convencido de que su voto vale por la propuesta que acoge, y no por la ganga ofrecida, lo que sería en últimas un voto limpio y sincero.

Los que no se presentan, en especial los académicos e intelectuales
Hay académicos e intelectuales que desde diversos campos podrían aportar al país con ideas básicas y de interés común en la salud, la cultura, la economía, la ciencia y tecnología, la justicia, entre otros; lastimosamente el porcentaje es mínimo, debido a los “miedos escénicos” en el contexto de la vida pública nacional. Pareciese que asumir este rol los involucraría en la azarosa voluntad burocrática que tiene visos peligrosos y corruptivos, lo cual aleja de la legalidad a estos seres especiales que se piensan el país desde un escenario distinto ubicado en la academia, son observadores críticos y propositivos que no quieren involucrarse con la administración de la realidad de una nación que los cobija como elite, y como tal, no quieren quedar desnudos.

Una propuesta in-coherente
Debería de realizarse en nuestro país un examen de estado –estilo ICFES, EXADEP…- para todos los que desean llegar al legislativo, evaluando conocimientos diversos sobre las diferentes disciplinas, en historia, geografía, constitución política, economía, etc., en resumen, medir la capacidad de aquellos que nos representan, ya que hay mucho personaje que llega a esas instancias, y ni siquiera un discurso coherente, y propuesta eficaz, logra efectuar durante el periodo que legisla. Y sabemos, por la información que nos llega, que muchos buscan el botín económico mensual que se ofrece, las posibilidades del movimiento burocrático en sus regiones, y en cierta medida todas las gabelas que por orden constitucional tienen, por eso es normal encontrar viejos jubilados con pensiones millonarias beneficiados de los impuestos que el común de la población ha pagado, los que algunos llaman políticos de carrera, especialistas en “lagarteria” y amigos de ladrones de cuello blanco.

¡Ay país!
Volvieron los políticos ofreciendo como dice la canción: puentes donde no hay ríos. Ya se respira aire electoral, se ven las paredes llenas de carteles mostrando la mejor foto del aspirante, cada uno(a) con su mejor perfil para encantar al lector y buscar ser elegido; algunos lograran su objetivo, otros entrarán a la “sala de quemados” y buscarán saldar esa deuda con sus electores. Recordando e insistiendo sobre la necesidad de elegir bien, acorde a las propuestas coherentes y necesarias que se ofrezcan para la eficacia social, cultural y económica del país, asumiendo que la política es demasiado seria como para dejársela a los políticos.

Adenda: ¡No voten el voto!

Imagen de una manifestación política de Alfonso López en Cali durante la década de los cuarenta del siglo XX. Foto de Alberto Lenis B.
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