viernes, febrero 11, 2011

El documento como fuente histórica

El documento es importante en la investigación histórica, además de otras fuentes que son susceptibles de analizar y criticar, herramientas que usamos para “esculcar” el pasado y el presente, acercándonos por diversas características enmarcadas en el tema objeto de estudio. El documento histórico nos entrega una información explicita del acontecer de una sociedad o individuo, de este analizamos el cómo, por qué y cuándo de ese hecho que intentamos entender desde el presente, cruzando en algunos casos esa información obtenida, con otras que complementan ese pasado: una imagen, una fuente oral, una recorte de prensa etc. El historiador actúa como el agente que va tras la huella de una información que necesita para desenredar el “meollo del asunto”, en este caso el pasado como particularidad de su enfoque, el historiador se ubica como el actor principal de la obra que investiga, realiza y expone a través de su resultado más común, la escritura, espacio que apropia y socializa a un comunidad que espera con ansias el resultado de su obra, entrando en un proceso historiográfico con nuevos aportes.
La información en el documento histórico se valora a partir de los intereses particulares, y grupales en algunos casos, lo último precisamente asumiendo que en gran porcentaje las investigaciones históricas son trabajos individuales. En la evolución del documento-texto que tuvo como su antecesor el monumento, se valora la objetividad sobre la intencionalidad (Tovar, pg. 10), en los parámetros positivistas, esa objetividad tiene su quiebre al ser indagado el documento con las preguntas centrales de quien investiga, siguiendo su evolución en el siglo XX a través de las formas de afrontar la historia –siendo el documento base de análisis-, se trata de la historia de los acontecimientos, la historia económica, social y demográfica, la historia serial y la historia cultural, cada parcela investigativa asociada a otras disciplinas que apoyaron la investigación histórica, tal es el caso de la antropología, la sociología , el psicoanálisis, la iconografía etc. La información en el documento histórico posibilita el arte de investigar, criticar, confrontar y analizar, cuatro factores que deben ser una prioridad en el novicio o más experimentado historiador, sin el documento histórico, cualesquiera sea su característica, el historiador afrontaría el dilema de la expresión de su disciplina, por eso la noción de documento de Febvre: “La historia se hace con documentos escritos, por cierto. Cuando existen. Pero se la puede hacer, se la debe hacer sin documentos escritos, si no existen (Le Goff, pg. 231).

Todos los documentos son significativos –verdaderos o falsos-, de allí se desprende la crítica que se les debe realizar, transformándose en documento-monumento. Podríamos entender este concepto de documento-monumento como la evolución del texto en sentido de la investigación histórica, aclarando que el texto igualmente puede significar otras formas de documento que trascienden a otras disciplinas; en su evolución, al documento se le ha dado un sitio significativo, de allí que la organización documental en archivos nacionales, regionales y locales, en espacios adecuados para su conservación y consulta, le hayan dado al documento-monumento un valor único dentro del campo científico al que se asocian nuestras ciencias sociales. El documento como creación del hombre, es una forma de indicar un hecho para que sea revisado posteriormente, con metodologías diversas y puntos de análisis característicos que varían posteriormente cuando otro ojo fiscalizador de ese mensaje lo asume bajo otra perspectiva, algo así como un círculo de interrogatorio y revisión que no escapa a la susceptibilidad cada vez que se le afronta. Le Goff al anunciarnos “El documento es monumento. Es el resultado del esfuerzo cumplido por las sociedades históricas por imponer al futuro -queriendo o no queriéndolo- aquella imagen dada de sí mismas. En definitiva, no existe un documento-verdad. Todo documento es mentira. Corresponde al historiador no hacerse el ingenuo”; nos pone en situación de alerta ante el documento, lo desmitifica y por decirlo coloquialmente “baja a tierra”.

En el texto La Memoria, La Historia y El Olvido, Paul Ricoeur explica que “el momento del archivo es el momento en que la operación historiográfica accede a la escritura. El testimonio es originariamente oral; es escuchado, oído. El archivo es escritura; es leído, consultado. En los archivos el historiador profesional es un lector” (pg. 215). A partir de esta conceptualización del archivo quiero agregar las siguientes consideraciones con respecto al archivo y al oficio del historiador: Inicialmente, ese primer momento de acceder a la escritura por medio de la operación historiográfica se instala en el principio de escogencia de un tema, esa escritura posee características dependiendo del momento en que fue escrito y puesto a disposición bajo el factor tiempo y espacio; con respecto al testimonio oral, parece un primer paso a la escritura que los hombres desarrollaron en su evolución, la oralidad como patrimonio de trasmisión de conocimiento, la oralidad escuchada y traspasada sobre el papel bajo los signos del lenguaje y la escritura; y ese documento archivo que es escritura, creado para su lectura, posibilita que el historiador al entrar al “palacio” donde se resguarda el documento-monumento se convierta en un lector del pasado asumiendo bajo el análisis y la crítica esa información que usa desde el presente.

Finalmente, el documento como información traslada relatos básicos para comprender nuestro pasado, siempre con la mirada objetiva y crítica de quien los aborda. Con la evolución de su uso como fuente de la investigación histórica, posibilitó su inserción en el propio análisis histórico, es decir, como objeto de estudio, tal cual como lo hace Jacques Le Goff, y como debería de hacerlo el investigador que los usa, ampliando la esfera del documento y llevándolo a la “frontera” de su discusión total, en conclusión, asumiéndolo como herramienta, fuente y objeto de estudio. Lo anterior, alude a la dinámica del historiador y la investigación con la información documental la cual puede ser variada; es allí, que el investigador se enfrenta al dialogo directo con lo acontecido en el pasado, bajo la perspectiva de lo objetivo y riguroso, los resultados dependen de la forma como se afronte y posicione el individuo frente a la información documental, analizando e interpretando, pasando al taller de escritura y edición, lo que debe arrojar un texto que demuestre lo propuesto como objetivo general.
 
Bibliografía
-Le Goff, Jacques, El orden dela memoria, Editorial Paidós, 1991, Cap. Documento/Monumento págs. 227-239.
-Ricoeur, Paul, Tiempo y narración. El Tiempo narrado, Editorial Siglo XXI, México, 1999, vol. III, págs. 802-816. -La memoria, la historia y el olvido, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000, págs. 208-236.
-Tovar Zambrano, Bernardo, Lección introductoria (copia a maquina).

Fuente imagen
http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/05/06/escenariosysociedad/SOCI-02.html
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