11.3.11

Cine Negro

Antes y después de la Segunda Guerra Mundial, un género cinematográfico denominado Cine Negro, se encumbraba como uno de los predilectos para el oficio de los cineastas y su público receptor. La vinculación estrecha que tiene con la Novela Negra y un estilo único que muestra las diversas situaciones de un mundo oscuro, lleno de violencia, alcohol, mujeres, detectives, gánster y policías, es su tema favorito. Siendo una de las narraciones más críticas, su nacimiento y mejor época corresponden a las décadas de los cuarenta y cincuenta del Siglo XX. Pero su mejor expresión como estilo narrativo llevado a la pantalla, se da en la postguerra, cuando el “sueño americano” empieza a ponerse en cuestión, y la desconfianza gana espacio en el seno de la sociedad norteamericana, por lo tanto podría definirse como una reacción a la desesperanza.

En el Cine Negro, la violencia es la característica principal donde se desarrollan las desiguales relaciones tanto interpersonales como de grupo: “En todas ellas se constata una lucha por superar, y en ocasiones destruir al oponente mediante la utilización de una serie de fórmulas y recursos en los que los límites de una convivencia normal son superados con mayor frecuencia y con el desprecio de las premisas establecidas por la sociedad (Hueso, 1983, p.353).

Novela Negra y Cine Negro
Las expresiones “Novela Negra” y “Cine Negro”, aparecen tardíamente con respecto a la existencia de sus respectivas manifestaciones. Su vigencia se establece de forma más o menos simultánea, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y en Francia. En los años de entreguerras, las novelas de Raymond Chandler, El Sueño Eterno -1939-, Adiós Muñeca -1940-; y Deshiell Hammett, El Gran Golpe y Dinero Sangriento -1928-, El Halcón Maltés -1929-; tuvieron gran éxito en Francia y fueron editadas en una recopilación titulada “Romans Noir”. El género literario ya establecido, abonaba el camino para su puesta en escena a través de las imágenes en movimiento, éxito asegurado en un país que salía de una guerra y veía aparecer la otra, en una época de escepticismo representado por escritores existencialistas como Sartre y Camus, desconfianza y fatalismo que latía en las novelas negras y se integraba al Cine Negro, encajando muy bien en el pesimismo francés.

El nacimiento del género es estrictamente literario. Durante los años treinta en los Estados Unidos tuvieron éxito los escritores policiacos, que publicaban historias cortas en revistas de gran emisión. El lenguaje era escueto, preciso y con lenguaje rápido. Sus libros y sus historias cortas eran casi guiones cinematográficos en bruto, oportunidad de oro que la industria fílmica adopto y aprovecho. La visión de estos escritores sobre el “sueño americano” era cínicamente desesperanzadora, los personajes respondían a una visión muy existencialista, la del individuo que debe afirmar su personalidad frente a una sociedad convencional y artificiosa, y en ocasiones frente a la tiranía política del establecimiento. Héroes pesimistas que les importaba sólo el presente manifestando una escéptica rebeldía a una sociedad insolidaria y podrida. En conclusión, exhibían el lado oscuro de la América resplandeciente, antesala de los gestos y poses de Humphrey Bogart (Revente, 1995, pp.48-59).



El Antihéroe y su Escenario
Las Novelas Negras que se llevaron a Hollywood, comenzaron a tener una técnica cinematográfica precisa y apropiada para el ambiente en que se desarrollaron las historias, aprovechando los diferentes ángulos que la cámara buscaba: Calles lluviosas, neblinas y edificios vacios donde resonaba el eco de los gritos. En el Cine Negro no se aprecia casi nunca el sol y las películas en su mayoría se establecen en una oscuridad real o simulada; son filmes urbanos y generalmente realizados en interiores, sus héroes son además almas torturadas que recorren calles más negras que la misma noche (Revente, 1995).

Generalmente  el héroe central era un hombre solitario, en muchas ocasiones dedicado al trabajo de detective privado envuelto en la trama de una corrupción social que alcanza hasta la propia policía, encargada de velar por el orden e interés de las clases dirigentes –de perpetuar la corrupción establecida-, inclusive la figura del detective privado adquiere en novela y cine un extraordinario realce como posible defensor de la seguridad de la clase media o como portador activo de ciertos valores perdidos. Pero los métodos de trabajo empleados rompen violentamente con algunos principios éticos, el detective no lucha en nombre de la verdad sino por dinero, atendiendo sobre todo a sus propios intereses personales, lejos de un ideal de justicia (La Torre, 1979, pp. 10-11-12). Las mujeres en este género cinematográfico no son dulces damas cándidas, sino “depredadoras” que utilizan sus encantos sexuales para llevar a los hombres hacia su destino fatal.

No hay malos y buenos en los filmes negros, sino malos y ambiguos, el antihéroe del género se enfrenta con resignación al mundo, todo cuanto le rodea está visto oblicuamente, como filtrado por un cristal oscuro con dos elementos permanentes, el alcohol y el tabaco. En síntesis, en el Cine Negro la mayoría de las historias se cuentan desde la perspectiva de ese personaje central antihéroe, quien incorpora las pasiones ciegas, el sexo, la ambición y el asesinato: “El mundo del gangster es aterradoramente desolado. Si el Western es una especie de sueño agrario, la película de gangster es una pesadilla urbana, su característica más destacada es precisamente su contexto urbano” (Tudor, 1974, p. 231).

En el mundo cinéfilo el género tuvo muchos adeptos, porque los asistentes a semejante realidad de ese “mundo oscuro”, exhibido en un ambiente propicio y familiar como la sala de cine, se veían identificados en los problemas que invadían estos personajes, no eran ajenos a la realidad del desprevenido asistente, lo arremetían, y en esa agresión nacía una fascinación por lo parecido al mundo cotidiano en que se desenvolvía. Pero el Cine Negro también era motivo de fastidio y horror, no todo el público lo aceptaba, tal vez porque sus entornos eran iguales o parecidos a lo que le ofrecía la cinta, y su uso como divertimento quedaba truncado por los personajes que podían mostrar su propia realidad, por lo tanto el Cine Negro salía de los afectos y lo desechaba como alternativa cinematográfica.


Filmografía recomendada
1-Scarface –Scarface, El Terror del Hampa-, de Howard Hawks, 1931.
2-Strangers on a Train –Extraños en el Tren-, de Alfred Hitchcock, 1941.
3-The Maltese Falcon –El Halcón Maltes-, de John Huston, 1941.
4-Murder My Sweet –Historia de un detective-, de Edward Dmytryk, 1944.
5-The postman Always Rings Twice –El Cartero Llama dos Veces-, de Tay Garnett, 1946.
6-The Lady From Shangai –La Dama de Shangai-, de Orson Welles, 1947.
7-The Asphalt Jungle –La jungla de Asfalto-, de John Huston.
8-The Big Heat –Los Sobornados-, de Fritz Lang, 1953.
9-The Killing –Atraco Perfecto-, de Stanley Kubrick, 1956.
10-The Getaway –La Huída-, de Sam Peckinpah, 1972.
11-The Godfather –El Padrino-, de Francis Ford Coppola, 1972.

La anterior filmografía recomendada, hace parte de diferentes novelas negras llevadas a la pantalla por importantes directores del cine mundial.

Bibliografía
-Coma, Javier (1979). Novela Negra y Hollywood, en revista Dirigido Por, N° 68, España.
-Hueso M. Luís (1983). Los Géneros Cinematográficos –Materiales Bibliográficos y Filmográficos-, Policiaco, Editorial mensajero, España.
-La Torre, José María (1979). ¿Qué es Cine Negro?, en revista Dirigido Por, N° 68, España.
-Revente, Javier (1995). El Cine Negro, Adiós Muñeca, en revista Cambio 16, N° 85, Colombia.
-Tudor, Andrew (1974). Cine y Comunicación Social, Gustavo Gil, Barcelona.
-Salvat, Juan (1979). El Cine Policiaco y Literario, en El Cine, Enciclopedia Salvat del Séptimo Arte, Tomo 8, Barcelona.

Fuente imagen
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