25.4.11

Reseña: Julián Vargas Lesmes, La Sociedad de Santafé Colonial, Centro de Investigación y Educación Popular –CINEP- Colombia, 1990, págs., 382.

Libro póstumo de Julián Vargas Lesmes, recopila artículos sobre la vida urbana, social, y cotidiana de Santafé de Bogotá en el periodo colonial. Su importancia radica en las claves que el autor entrega con respecto al crecimiento, y las relaciones en las diversas capas de la población santafereña, involucrando sus espacios privados y públicos, las transformaciones en el trasegar de los siglos hasta inicios del siglo XIX, y ante todo, una mirada transversal que ayuda a identificar los orígenes y procesos hispánicos donde la economía surtió avances para los cambios urbanísticos, teniendo en las instituciones como la iglesia y sus comunidades, uno de los ejes más importantes, ya que la educación ligada a sus proyectos, posibilitó ante todo nuevas sociabilidades que transmitían en el resto de la Nueva Granada, una opción de erudición y reconocimiento social, sobretodo en las familias de alta capacidad económica.

El primer artículo, La Santafé Colonial a Vuelo de Pájaro, es un resumido balance introductorio que entrega muchos de los temas expuestos en el párrafo anterior, desde su fundación hasta los primeros actos de independencia en 1810, texto que abre el espectro para entender el resto de artículos. El texto Santafé, a la luz de su Padrones 1778-1806, analiza los aspectos más relevantes concernientes a la demografía de la ciudad a finales del siglo XVIII, bajo la revisión de censos existentes en el último tercio del siglo citado, bajo cinco características: Aumento de tasa de crecimiento, el factor del mestizaje, la condición urbana, otras características demográficas, finalmente la población indígena. Los puntos de análisis están complementados con una serie de cuadros que ayudan a percibir los alcances del crecimiento poblacional de Santafé en aspectos como las castas, los barrios, el sexo, las edades, la procedencia, los oficios, entre otros. El artículo La Población Indígena de Santafé, escrito junto a Marta Zambrano, analiza el proceso de control y mestizaje de la población indígena, desde el Siglo XVI hasta el Siglo XVIII, con algunas características: el amancebamiento, la dominación, los conflictos, los delitos, las agresiones interétnicas, y los oficios efectuados; aporta para el lector especializado algunas cifras y cuadros estadísticos, además de referencias bibliográficas que en su gran mayoría corresponden a fuentes primarias.

A propósito de La Mita Urbana, Trabajos y Oficios en Santafé, advierte el autor que la referencia a mita urbana corresponde al alquiler de indígenas, una cuota de privilegio para comerciantes, artesanos, burócratas, conventos y viudas a finales del siglo XVI, a partir del debilitamiento político y económico de los encomenderos en beneficio de los habitantes de Santafé y sus vecinos. Expone graficas que recrean los índices de este alquiler oprobioso de una comunidad autóctona, que resulta como dice el autor en la primera media parte del siglo XVII, en una explotación laboral sin misericordia en tres labores forzosas: el trabajo agrícola en haciendas y estancias, la minería, y las tareas en el espacio urbano; fuera de otras actividades que venían desarrollando desde el mismo momento de la conquista como eran la producción de sal en Zipaquirá y Nemocón, bogas en el río Magdalena, guías y cargueros en las expediciones (p. 93). Pero la necesidad de involucrar a la población indígena en las sociabilidades de las gentes urbanas, posibilitó la entrada de esta mano de obra en otros oficios que los ponía en las dinámicas de la traza urbana española, como por ejemplo las artesanales: primero, en los oficios domésticos; segundo, en la fabricación de pan o amasandería; tercero, en la fabricación de ladrillos o tejas en los diferentes chircales de la ciudad. Otros oficios, que pasaron a la vida cotidiana de Santafé en los Siglos XVI, XVII, XVIII, fueron el de los plateros -oficio más estimado- y de gran compromiso; los carpinteros, maestros en el oficio de soportar una vivienda bajo el compromiso de un acertado sostenimiento del techo; las lavanderas, labor realizadas por las mujeres indígenas en los ríos, como dice el autor, un oficio de escuálida categoría; los pescadores, un oficio milenario bajo otros criterios en aspectos como el organizativo; finalmente el de los chapineros, personas que realizaban una calza denominada chapín, especie de chancleta para usar en la casa con suela dura de corcho y un revestimiento de tela (pp. 103-114).

El texto dedicado al Caso de la Familia Estrada-Arias, relacionado a la economía doméstica y vida cotidiana en Santafé a comienzos del Siglo XVII, es escrito por Eduardo Ariza partiendo de un esquema general de Vargas Lesmes y la escritura de algunas páginas, partiendo del hallazgo de un documento donde se registra la lista detallada de compras llevadas a cabo por la señora Francisca Arias Monroy, esposa del alguacil mayor de Santafé, don francisco de Estrada. Se trata de un seguimiento muy riguroso sobre la servidumbre, y la puesta en práctica de las políticas de la mita urbana sobre este caso familiar; recreando los antecedentes de la familia en su intríngulis social, la unión marital y el patrimonio que esto trajo especificado en las encomiendas con sus indios tributarios, además de otros bienes. Igualmente, expone el patrimonio urbano, y sus características; también su entorno representado en las huertas inmersas en los solares urbanos de la ciudad colonial, además de las despensas y corrales; sumándole una descripción de la casona, es decir, la vivienda principal. Sobre lo que titulan la compleja administración de la economía doméstica, encontramos en el artículo una descripción que nos ubica en el espacio de está acción, a propósito del administrador, la servidumbre –con los personajes claves y sus nombres o apodos-, los esclavos –con sus nombres-, los abastecedores –los tratantes y la plaza de mercado-, las distribuciones por rubro – alimentación y sus principales productos con gastos. Central atención merecen las referencias y explicaciones al pescado, el vino, las carnes, las fuentes de energía -madera, carbón, velas-, la limpieza, la devoción, la justicia –costos judiciales-, el vestido, el menaje. En conclusión, podríamos afirmar que es la introducción de varios temas en el entramado social de Santafé bajo un estudio de caso desde una familia pudiente y estratificada en lo más alto de la pirámide social santafereña (pp. 121-211).

Otro de los artículos dedica sus páginas a las finanzas y administración económica, recrea la función administrativa en Santafé, con especificaciones directas a ciertas entidades que hacían parte del control ciudadano, así como algunos espacios públicos que merecían de ese control y donde convergían la sociedad santafereña. Inicialmente, una explicación de conceptos básicos del periodo estudiado para comprender las dinámicas de esas finanzas y administración económica, como los llamados propios del lugar, la dehesa, el ejido; bajo algunos ejemplos en los usos cotidianos que involucraban a toda la sociedad como eran las pulperías, las mercedes de agua, las loterías públicas, y los abastos de carne, más algunos casos con personajes de la época; también se presentan los quehaceres y problemas, ingresos, inversiones y obligaciones de este sector administrativo (pp. 215-257). El séptimo capítulo, Formas Asistenciales y de Beneficencia en Santafé, escrito con Guillermo Vera Pardo, es una reflexión centrada en una capa de la sociedad desvinculada de los entornos más sobresalientes, en pocas palabras los más desvalidos, anunciando los autores: “la ayuda al prójimo estaba sustentada por el sentido de la caridad cristiana y fundamentada en relaciones sociales de hermandad” (p. 261). Aquellos desprotegidos mencionados en los documentos de la época eran mendigos, indios e indias mendigos, pobres de solemnidad, mujeres descarriadas o viudas sin familia, niños expósitos o huérfanos, enfermos, locos y viejos; precisamente al listado anterior, se orientaba la misericordia organizada, que pasó de las formas privadas e individuales a otras centralizadas y colectivas administradas por la iglesia y las corporaciones reales: los hospitales, la casa de expósitos y divorciadas, y los hospicios (pp-262-296).

El octavo texto, Fiestas y Celebraciones Públicas en Santafé, describe brevemente las fiestas indígenas y sus prohibiciones en el entramado español; las fiestas públicas de tipo religioso, como por ejemplo días de ceniza, nuestra señora del campo, natividad, día de los finados, entre otras; fiestas de tipo civil como la jura del rey, jubileos papales, lutos por el rey o la reina, las cuales comúnmente se les llamo fiestas de tabla, a las que acudían las autoridades más representativas en una zona privilegiada de la plaza central (pp. 301-305). El autor complementa su artículo con el espíritu religioso que albergaban las fiestas y sus componentes: juegos artificiales en las vísperas, iluminación de la ciudad, la pólvora, las procesiones, juegos, toros, entre otros. Finalmente, tenemos la descripción de las principales fiestas santafereñas: las carnestolendas, de origen español, que se trataba de un carnaval con máscaras, disfraces, bromas y bailes; bailes de máscaras en el coliseo, donde ilustres ciudadanos, entre ellos los virreyes asistían al encuentro, permitiéndoles sólo en el coliseo, portar las máscaras –de diversas figuras- con cierta galantería francesa donde danzaban al ritmo de minué, paspié, Bretaña, amable, contradanza, fandango, torbellino, manta, punto y jota, con espacio para las bebidas, cenas y dulces (p. 317). La fiesta del corpus, de importancia similar en la religiosidad a la celebrada en semana santa, con mezcla de tradiciones indígenas y tradiciones paganas de los españoles; fiesta de San Juan, la cual duraba tres día de junio -23, 24,25-; fiesta del polvillo; fiestas de diciembre, una fiesta que se extiende con sus festividades principales hasta el día de hoy, de marcada tendencia religiosa; finalmente dos fiestas civiles que “subyugaba” a todos por igual, el luto del rey y el recibimiento de los virreyes; el complemento de esta parte son dos anexos concernientes al recibimiento de dos virreyes, los cuales ilustran la pompa y loa etiqueta (pp. 318-341).

Vida inquieta y gente baldía, nos sumerge a la vida privada y publica bajo la clandestinidad de la noche, y bajo el ojo vigilante de algún oidor y alcalde que a través del rumor, mandaba a sus vigilantes de turno a importunar indios, negros, y mulatos entregados a ciertos menesteres no apropiados para la moral de una ciudad que descansaba, entrando en un circuito de inculcar la ley establecida. También encontramos una descripción de algunos espacios de divertimento entre los que se encuentran los sitios de juego de naipe, así como los patios de barra, lugares permanentes para el juego, y las mesas de truco, botillerías y cafés; igual que el anterior texto, hay dos anexos, uno dedicado a las reales cedulas sobre juegos, y otro a un glosario sobre las definiciones de algunos juegos practicados (pp.345-368). El último capítulo de este libro está dedicado a las Chicherías en Santafé, como un problema urbano inmerso en la sociedad vinculada al sector más oprimido, en este caso los indios, mulatos y negros, mostrándonos Vargas Lesmes los antecedentes de la bebida, su importancia en la ciudad, su presencia y distribución espacial en la ciudad, su control, finalmente su significación social y cultural. Descripción importante para entrarnos en ese mundo que involucraba un sector de la sociedad Santafereña con todo lo que conllevaba para el control social, y vinculada a otros espacios de sociabilidad (pp. 371-382).

Este libro asume varios temas de la sociedad santafereña en la colonia, la mayoría de ellos de forma introductoria, por lo tanto debió haberse convertido en una importante guía temática para muchos investigadores interesados en el período que estudia. La vida cotidiana, la religiosidad, el ocio, la estratificación social en sus encuentros y desencuentros, son puntos de análisis que se atraviesan constantemente en cada uno de los artículos reseñados, con destacadas fuentes primarias del archivo nacional, y una serie de cuadros explicativos que aportan al objetivo de su autor. Con respecto a la edición del libro, cada uno de sus capítulos esta antecedido por una imagen que recrea un cuadro de costumbre vinculado al tema. Finalmente, este trabajo recopilatorio de Julián Vargas Lesmes nos ayuda a identificar los rasgos más significativos de nuestro pasado, encontrando con asombro que algunas de esas características urbanas que acogen los temas estudiados, todavía están presentes en nuestro diario vivir, un ejemplo palpable son las fiestas religiosas, la discriminación racial, y algunos oficios laborales, tan vigentes y perdurables en está acelerada urbe del Siglo XXI.

Imagen
La Catedral de Bogotá y la plaza mayor ornamentada para celebrar una ceremonia. Dibujo de Riou. Tomada de La Maravillas de Colombia, Tomo I, editorial Forja, 1979.





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