30.9.12

El Manzanillo


En noviembre de 1943 se publicó en la revista trimestral “El Teatro” la comedia en tres actos El Doctor Manzanillo de Luis Enrique Osorio, estrenada en el Teatro Municipal de Bogotá por la Compañía Bogotana de Comedias. Según la presentación correspondía a una “acción en cualquier provincia de Colombia. Época actual”. Dieciséis personajes hacen parte de la historia, entre los que se encuentra Cesar Manzanillo –político profesional-, además de un cura, un policía y un bobo -entre otros- en un pueblo ficticio llamado Chirití. La obra teatral no cobraría importancia en la historia política del país, si de allí no hubiera salido una de las expresiones más usadas en el medio de los “padres de la patria” y sus alfiles burocráticos, “manzanillo”.

El personaje de la acción teatral se mueve entre las adulaciones constantes sin importar el color político o doctrinario, los favores “sospechosos”, la palanca, las promesas quiméricas, el manejo de presupuestos ajenos, el ofrecimiento de puestos; todo un ¡doctor! de esos que se encuentran por la inmediaciones de la Plaza de Bolívar de Bogotá, y los sitios gubernamentales de nuestros municipios. Un ejemplo del periplo de Cesar Manzanillo, nos deja un poco de su figura política, por ejemplo en dialogo con el sacerdote del pueblo:

...Cura- He tenido mucho gusto de estrechar su mano… Siempre he admirado a las personas inteligentes… y activas.
Manzanillo- Muy amable doctor… Y muy honrado en considerarme su amigo… No hay razón para que entre nosotros no reine completa armonía.
Cura- Razón, ninguna.
Manzanillo- Doctrinariamente, nosotros proclamamos la separación de la Iglesia y el Estado… Pero en cuanto a armonía… y mutuo respeto… y sobretodo reciproco afecto… claramente lo dice la nueva cara fundamental… Así que… siempre a la orden, doctor.
Cura- Lo mismo le digo yo: a la orden en la casa cural.
Manzanillo- Honradísimo. Iré a visitarle.
Cura- Aprovecharé esa oportunidad para mostrarle la iglesia. ¡Está tan destartalada!... ¡No se imagina cómo encontré eso!
Tomasa (dueña del Hotel de Chirití)- Daba lastima. Gracias a que su reverencia…
Cura- Yo estoy aquí desde hace un mes, nada más.
Tomasa- Y lo quieren tanto ya, como si hiciera un siglo.
Manzanillo- Muy merecido.
Cura- Es que yo pienso distinto de los que venían antes por aquí. Soy de la escuela nueva… Venían a predicar odio, a exaltar los ánimos…Y eso no está bien.
Tomasa- ¡Con los rojos que son aquí!... Piense, doctor, que al otro párroco, para sacarlo del pueblo, lo montaron en un burro, y al pobre animal le prendieron cohetes en la cola.
Pirulo (personero de Chirití) -Le buscó tres pies al gato.
Cura- (tomando a Pirulo del brazo) Pero en el fondo son buenos… No es más sino saberlos llevar…Yo no me ocupo sino de arreglar la iglesia y… y a ver si con influencia, doctor, nos consigue un pequeño auxilio para embaldosinar y acabar las torres. 
Tomasa- ¡Ay sí!
Manzanillo- Tratándose de usted, doctor, será el primer proyecto que presente… Para usted, doctor, no digo dos torres: dos basílicas. ¡Notre Dame y Santa Sofía!
Cura- ¡Qué bondadoso! (p. 12).

Ahora, preparando la cosa política:

Manzanillo- ¿Ya viene esa gente, personero?
Pirulo- Le movilicé todas las veredas donde tengo influencia… Usted va a ver que quien mueve aquí más hilos no es don Tiberio, como todos creen… Vienen los de Rioblanco, los de Rionegro, los de Aguaclara, los de Aguasucia, los de Lagunagris… ¿Voy a inundarle esa plaza, para que se convenza!... Y si bajan los de Tierraseca, que es la única vereda enemiga, las dos entradas del pueblo están bien guardadas. Dudo que se atrevan esta vez a interrumpirnos el libre ejercicio del sufragio. 
Manzanillo- Cuidado, personero, cómo perdemos. ¡Le va el pellejo!... Ya sabe que, teniéndome a mí en la asamblea, la secretaría es suya. Desde ahí observaremos lo demás y…
Pirulo- Tiene que portarse bien…Piense que tengo un hermano con cinco hijos… y dos sobrinas más necesitadas que esa de misiá Tomasa.
Manzanillo-  No se afane. Para todos habrá.
Pirulo- Y luego, doctor, que a esto hay que darle un vuelco… Le hablo como izquierdista. Andamos diciendo que hay una revolución en marcha, y no la veo por ninguna parte.
Manzanillo-Si, indudablemente. Hay que acelerar la marcha, que impulsar el ritmo.  
Pirulo- Sin ir muy lejos, ahí tiene usted a don Lino, que robó todo lo que pudo en la época de los empréstitos. Ahí está tranquilo, dueño de casi todo el pueblo, extorsionando a los habitantes y mandando al parada… Y el alcalde, detrás de él, como un perro faldero, esperando propina… y detrás de don Tiberio, porque fue quien lo hizo nombrar… Y los dos gamonales, don lino y don Tiberio, de brazo, porque son compadres… riéndose de todo para sus adentros… Estas son las cosas con que yo no puedo, doctor Manzanillo…Hay que comenzar por barrer a ese alcalde, que es un elemento pernicioso.
Manzanillo-Descuide, mí querido amigo. ¡Ya barreremos!... La escoba es hoy, en nuestras democracias, el primer instrumento de reforma social (pp. 13-14). 



Treinta escenas contienen la obra de Osorio, una parodia en escena de la vida política nacional en un pueblo cualquiera, y con unos personajes tradicionales en el entramado social y cultural del período en que fue escrita. En los créditos de la revista “El Teatro” se afirmaba que había completado hasta el 5 de septiembre de 1943 -en la noche-, las primeras cincuenta   representaciones, gozando de alta popularidad entre los asistentes bogotanos hasta el punto que el personaje principal calo en el imaginario social capitalino hasta extenderse a otras latitudes de Colombia, sobretodo en los cerrados círculos de los políticos de turno y sus contradictores, en idas y venidas de la línea burocrática en departamentos, capitales, pueblos, y sus respectivas extensiones.

En 1953 Gonzalo Cadavid Uribe compilo un libro a propósito del lenguaje popular antioqueño, allí hace mención al significado manzanillo, lo que indicaba su importancia dentro del lenguaje “común y corriente”; la definición fue retomada y ampliada por Mario Alario Di Filippo en 1964, exponiéndonos las características del personaje –sustantivo masculino- en la “selva” política nacional, que con claridad podríamos vincular a algunos personajes de nuestra actualidad institucional desde los pulpitos del senado, congreso, procuradurías, asambleas, concejos, etc., cada uno busque su candidato. A continuación la definición presentada por los autores citados:            
  
Manzanillo
Político sin escrúpulos que mira sólo al lucro personal. “Se aplica a los conservadores que dominaron el municipio de Bogotá hasta el 8 de junio de 1929 y que se imponían a las elecciones por medio de barrenderos o empleados del aseo, y de 1934 en adelante a los nuevos ricos del poder” (Julio Cesar García).
“En la fauna política, el manzanillo es el más despreciable de los animales, siendo todos despreciables. Hombre sin moral, sin decoro, poseído de un alto concepto de su grandeza, virulento, cobarde y falaz que pone a su servicio toda la bajeza de los hombres y toda su falta de hombría de bien para sus fines siempre oscuros. Llámese Manzanillo porque sus frutos y su sombra, como los del árbol de ese nombre, son dañinos y venenosos. Forman su cohorte perdularios, buscalavidas, incapaces, matones y zarrapastrosos. Su clima propicio es el aplanchamiento, la delación y el comité. Cañas huecas, cualquier viento adverso échalos por el suelo. Tanto es así, que de los diez millones y medio de Manzanillos que prosperaron en regímenes anteriores, ninguno ha sobreaguado, y es un consuelo saber que de los once millones que ahora actúan tampoco ninguno sobreaguará a su hora. (Gonzalo Cadavid Uribe, Oyendo Conversar al Pueblo).     
       
El más despreciable de los animales de la fauna política, siendo todos despreciables, tal es la figura del manzanillo en nuestro contexto, siendo aplicable al resto del mundo, hasta el punto que el reconocido Barreras diría: “cortados con la misma tijera”. A diferencia de los extintos dinosaurios –con el respeto que ellos se merecen-, estos “lagartos terribles” se mueven con ligereza transando, copiando, vendiendo, sobornando, alardeando porque sacaron “cincuenta mil votos”, llevando tunas, comprando propiedades incautadas, montados en carruseles de contratación, reeligiéndose, prestando a sus hijos los carros oficiales, incrementando sus sueldos, comprando zonas francas, etc.     

A moverse con cuidado, en cada ciudad tenemos nuestros manzanillos moviéndose en las esferas más altas y bajas de nuestra sociedad, buscan el momento preciso para actuar y entrar en acción, se visten de traje o informal, posan de sabios, nos manipulan y hasta gobiernan; por lo tanto reconocerlos, desenmascararlos, y ponerlos en el escarnio público, es el primer paso para romper la fila en la cual organizados tragamos entero y hacemos parte de las parodias de esos artistas.    

Bibliografía
-Gonzalo Cadavid Uribe, Oyendo Conversas al Pueblo: Acotaciones al lenguaje Popular Antioqueño, Medellín, Imprenta de la Penitenciaria Central de la Picota, 1953.   
-Luis Enrique Osorio, El Dr. Manzanillo, El Teatro –Revista Trimestral- Volumen I, Bogotá, Noviembre de 1943, Número 2.
-Mario Alario Di Filippo, Lexicón de Colombianismos, Cartagena, Editorial Bolívar, 1964.  
       

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