jueves, septiembre 20, 2012

Viendo a Escobar en TV


Escobar -el patrón del mal- es la serie televisiva que cada noche nos “aturde” con la puesta en escena de una historia reciente, violenta y degradante de escasamente treinta años atrás. Definir el programa televisivo de las 9 pm. tiene dificultades que entrañan una clasificación en el orden de las categorizaciones que algunos estudiosos de las series históricas han postulado, proponiendo para su reflexión la del profesor José María Caparros Lera, quien afirma inicialmente que la historia es atractiva cuando se lleva al cine argumental o de ficción, conociendo formas de pensar, de vestir, e incluso de hablar, de la sociedad de ayer y hoy con tres clasificaciones: de reconstrucción -las que retratan la misma época en que están rodadas-, de género histórico y de reconstitución -evocan el pasado con voluntad de "hacer historia"- (Caparros, 2003).


La serie mezcla hechos reales con ficción, exhibe formas de pensar, las del personaje central y la de su victimas, sobretodo las que sobresalen en el espacio político, periodístico y militar, encontrando un primer sesgo que ubica mediáticamente aquellas que el país –una generación en particular- reconoce y conoció por los medios de comunicación. Las otras victimas -en su gran mayoría- quedan invisibles, exceptuando aquellas que por su cercanía con los personajes centrales, tienen cabida. Podemos considerarla de género histórico y de reconstitución, resaltando que su sesgo, como es obvio, vislumbra el marco central de la lucha de Pablo Escobar contra el Estado colombiano, restaura lo sucedido y lo ubica en el presente con las consecuencias que puede tener en el orden de una posible apología al personaje, por lo que refleja como personaje villano, y a veces los “malos”, obtienen mejores réditos de sintonía y aceptación            

En su introducción nos anuncia el programa nocturno: “Escobar el patrón del mal, es una serie de ficción producto de la adaptación libre de “la parábola de pablo”, de Alonso Salazar; de artículos de prensa y de hechos de público conocimiento de la vida nacional, los hechos históricos están rodeados de personajes y diálogos ficticios, que permiten suplir y recrear situaciones no documentadas”. Partiendo de la obra del ex alcalde de Medellín, los guionistas organizaron la obra, sumándole los artículos periodísticos y de los hechos que ellos suponen son de conocimiento público del país, tal vez allí encontramos un problema a resolver, ¿será que son acontecimientos de conocimiento público? La pregunta surge por la posible audiencia que se sienta ante la pantalla, donde seguro hay niños y adolescentes que reciben el mensaje, y estos no conocen –aún más en estos tiempos- ese período reciente de nuestra historia social y política con el telón de fondo de la violencia como medio de lograr un objetivo particular. Las situaciones  documentadas entran en la delgada línea de la exposición de otros rasgos privados, aquellos que observamos en los entornos familiares de las victimas y su victimario, en algunos casos con los nombres propios, en otros no, dejando para los que reconocen al personaje los comentarios de su participación en la serie.                                                   

Sin lugar a dudas, es una obra televisiva que algunos tildan de serie y otros de novela con personajes bien desarrollados, creíbles y bien puestos sobre el acontecimiento recreado; su factura técnica y de efectos especiales integra a la historia un punto alto, más si la violencia tiene un plus de porcentajes innumerables; la mezcla de imágenes reales –documentos noticiosos-  con las producidas tras la claqueta, entran en la retina para ubicarnos con lo real en medio de la actuación ficticia que hemos digerido, punto de hacer alto y centrarnos en la idea general que mezcla y nos mezcla con el pasado.    


Ahora, con respecto a los programa alternos, debemos hacer referencia al especial que el mismo canal realizó con el título Los Tiempos de Pablo Escobar, dirigido por Felipe Zuleta, documental que recrea la vida del capo y sus victimas –más ilustres- con participación de reconocidos personajes públicos, incluyendo su cómplice lengüilargo Jhon Jairo Velásquez Vásquez –Popeye- e imágenes de apoyo que sustentan el objetivo del documental, incluyendo las escenas del padre Rafael García Herreros –el minuto de Dios- y su lamentable frase al comentar la ayuda que le ha entregado Pablo: “Cuando se hace la voluntad de Dios, no hay corrupción”. Otro espacio que posibilita entender la historia recreada mezcla de realidad y ficción, son las notas virtuales que entrega el periódico El Espectador para explicar los acontecimientos que se van recreando cada semana, complemento importante y básico para los televidentes.

Considerando que esas heridas del pasado fueron reabiertas, y que las otras víctimas, las olvidadas, poco o nada tienen cabida en la narco serie de nuestra realidad, el Canal Capital de Bogotá en coproducción con el Centro Ático de la Universidad Javeriana y la dirección de Hollman Morrris, realizaron trece documentales que tienen como objetivo “crear memoria y visibilizar las víctimas”, relatos descarnados que ponen en evidencia la magnitud de la situación vivida con Escobar y sus acciones violentas, las cuales son descubiertas en los capítulos y con los requeridos apoyos visuales.  
          

A Escobar se le ha revivido, y con él una serie de productos alternos que rayan en lo patético, uno de ellos es el álbum de “Pablo Escobar, el Patrón del mal” con imágenes de la serie, y que se vende en algunos barrios de Medellín; las camisetas que el hijo de Escobar diseño con la estampa que identifica a su padre; finalmente, siendo común cuando un personaje es relevante y mediáticamente fuerte como ocurrió con la famosa escena de Hitler en el bunker del Tercer Reich en la película La Caída, ahora Pablo Escobar es motivo de caricatura y estampa con su notada característica de anotar cuanta fechoría hace en una libreta que lleva a su bolsillo en algunas escenas de la serie, convirtiéndose en creativos monólogos internos de cualquier situación de la actual vida nacional o de algunos caricaturistas serios.    


Finalmente, recuerde que la serie es una mezcla de realidad y ficción, trata de reconstruir un pasado reciente con todas las implicaciones que eso conlleva; posibilita a  las generaciones que nacieron en los ochentas y noventas del siglo pasado, descubrir un poco de su historia política, social, económica, y cultural con el telón de fondo del dinero fácil y peligroso, por lo tanto, es necesario y clave buscar otras fuentes documentales –si así lo desea- para no quedarse con la versión televisiva que puede ser sesgada y contener vacios insospechados. Por último, recuerde la manoseada frase –puesta de moda en la publicidad de Escobar- que anuncia “aquel que no conoce la historia, está condenado a repetirla”, o en su defecto escuchar la “historia relax” de Diana Uribe el domingo en la mañana.      

Fuentes
-Caparros, L., José María (2003). La Historia se aprende en el cine. Periódico de Catalunya, 18 de febrero, Catalunya. 

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