sábado, febrero 09, 2013

La secuencia fotográfica de un atentado: el 10 de febrero de 1906


El denominado “Quinquenio de Reyes” en la historia política de Colombia, parte de la crisis del último conflicto civil del Siglo XIX denominado “Guerra de los Mil días”, la perdida de Panamá, y la incertidumbre interna del país ante la catástrofe social, económica, política, y cultural que se presentaba como resultado de una constante tensión entre los poderes partidistas, y una constitución que seguía su camino con los avatares de la centralidad administrativa desde la fría Bogotá. Explorador, militar y político, Rafael Reyes (1850-1921) había sido protagonista de la burocracia nacional hasta su turno en el mando entre 1904-1909, significando que “una visión tan dilatada y un espíritu de empresa tan curtido era lo que justamente necesitaba Colombia después de 1900 y 1903” (Mora, 2001, p.4).    

Corregir fallas de la carta de 1886, fue la razón esgrimida por el proyecto de Reyes para sus reformas, y para eso el cierre del congreso en febrero de 1905 para convocar una Asamblea Nacional Constituyente, era necesario, actividad cumplida entre los meses de marzo y abril donde se renovó la legislación para facilitar transformaciones básicas en dirección de las necesidades del momento: aspectos económicos –medidas proteccionistas-, jurídicos, descentralización administrativa con la aparición de nuevos departamentos y el rotulo para Bogotá de Distrito Capital.  Pero tal cual como ocurre en cada gobierno, las diferencias están presentes en el orden legal e ilegal y en las entrañas de los mismos integrantes de apoyo y oposición; así, en un ambiente propicio para desestabilizar la situación del momento, la figura de Reyes era desafortunada para las ideas exacerbadas de un pasado decimonónico, y ante todo, la razón más mundana de los seres humanos, la orfandad de poder.

El texto que presentamos se enfoca en la figura del presidente Reyes, pero desde un acontecimiento especial, el atentado criminal efectuado el 10 de febrero de 1906, lo que justificó un libro para presentar las razones del ataque, sus conspiradores, y ante todo manifestar las razones políticas de los cambios institucionales instaurados en el orden establecido, un texto relevante que sumaba una serie de imágenes que ponían en escena cuadro a cuadro lo sucedido ese día en la capital, siendo el mismísimo presidente el encargado de pedirle al fotógrafo Lino Lara, la labor de registrar la secuencia de lo sucedido, en resumen, se considera la primera apuesta relatada por medio de foto fija, la cual agregaba tal cual como ocurrió, el fusilamiento de los implicados.


En ese orden de ideas, el historiador Enrique Santos Molano, nos cuenta:        

…El atentado
Las medidas contra los subversivos de 1904 no amilanaron a los partidarios de derrocar al gobierno de Reyes a como diera lugar. Los liberales librecambistas, ardidos por las medidas proteccionistas de Reyes, se unieron a los conservadores para actuar de manera ilegal contra Reyes. Antonio José Restrepo, revolucionario de oficio cuando no tenía chanfa en que ocuparse, y otros seis ciudadanos, fueron detenidos y confinados en Orocué por dos meses. Ante la posibilidad de que los liberales de la frontera con Venezuela sintieran tentaciones subversivas, Reyes nombró jefe militar de la frontera en el Táchira al general Benjamín Herrera, que marchó a Cúcuta a encargarse de la situación, Entre tanto, en Bogotá, los magistrados Carmelo Arango y Gabriel Rosas fueron declarados insubsistentes por estar en connivencia con los jefes de la subversión. El 19 de diciembre, la red de conspiradores, que tramaba un golpe sangriento para deponer a Reyes antes de la Navidad, fue descubierta por la policía, comandada por el Comisario Marcelino Gilibert, y hubo más de veinte capturas. El 21 de diciembre una multitud de cinco mil personas, entre liberales y conservadores, marchó por la carrera séptima hasta la plaza de Bolívar para proclamar su respaldo irrestricto al Presidente Reyes y su rechazo a los intentos de perturbar la legalidad y la tranquilidad.

Una corte marcial se instaló el 12 de enero para juzgar a los conspiradores del 19 de diciembre. El Gobierno rodeó de garantías a los defensores de los acusados y vigiló que se cumpliera el debido proceso. La Corte marcial declaró culpables de la conspiración del 19 de diciembre a los doctores Felipe Angulo, Luis Martínez Silva, y a los generales Jorge Moya, Manuel María Valdivieso y Eutimio Sánchez, y los condenó a confinamiento en la colonia militar de Mocoa

Los conservadores hicieron circular en el exterior versiones de que “una feroz dictadura” se ejercía en Colombia. Dichas versiones fueron refutadas por el liberal Nemesio Camacho, quien invitó a los corresponsales de la prensa extranjera a que vinieran a Colombia a comprobar si aquí había vestigios de dictadura alguna.


Con anterioridad el vicepresidente de la República, el conservador Ramón González Valencia, renunció a su cargo de repente, por estar en desacuerdo con el Presidente, y el 10 de febrero fue nombrado primer designado el expresidente Clímaco Calderón. Tras el nombramiento del designado, el Presidente, y su hija Sofía, emprendieron su pase diario en coche hacia Chapinero. En el sitio que denominaban Barro Colorado, a la altura de la calle 45 con carrera 7a, el coche del Presidente fue atacado por tres jinetes, que dispararon con la intención de asesinar al mandatario y a su hija, quienes salieron ilesos por milagro, o porque el nerviosismo de los asesinos dañó su puntería. El escolta del presidente, capitán Faustino Pomar, espantó a los agresores, que lograron evadir el cerco y escaparon en una fuga cinematográfica. Fueron capturados por la policía en Bogotá el 2 de marzo.

Reyes regresó a la capital y difundió un mensaje sereno, en el que pidió calma y aseguró que, aparte de la tristeza por el acto criminal, no albergaba hacia sus agresores sentimientos de venganza, ni de amargura. El habilidoso comisario Gilibert se movió con rapidez. El 13 de febrero fueron detenidos varios sospechosos de haber fraguado el atentado, entre ellos el exministro y poeta José Joaquín Casas, el exministro Arístides Fernández, los doctores Benjamín Uribe, Joaquín Uribe y Pantaleón Camacho. Se ofreció una recompensa de cien mil pesos por informes que permitieran la captura de los fugitivos Roberto González, Marco Arturo Salgar y Fernando Aguilar, y doscientos mil pesos por Pedro León Acosta. Los autores materiales del atentado fueron condenados a muerte y ejecutados el 5 de marzo en el mismo sitio donde lo perpetraron. Hubo voces que pidieron igual patíbulo para los autores intelectuales. Reyes se negó (Santos, 2004).


Para la historia del cine colombiano la secuencia de imágenes que en palabras de Rito Alberto Torres significan las primeras narraciones en soporte fotoquímico, deben considerarse una fuente importante para comprender un hecho particular, y ante todo una acción visionaria que tenía mucho de mensaje mediático para el contexto nacional, demostrando la mano sancionatoria y justa de un presidente querido y odiado en un período trascendental para el desarrollo de un país que apenas comenzaba a asomar la cabeza en las transformaciones necesarias que un nuevo siglo le exigía.   

Bibliografía
-Alberto Mayor Mora (2001), Rafael Reyes, Revista Credencial Historia, Edición No. 109, Colombia.
-Enrique Santos Molano (2004), El Quinquenio de la Modernización, Revista Credencial Historia, Edición No. 175, Colombia.  
-El Diez de Febrero, Bogotá, Colombia. Nueva York: Imprenta Hispanoamericana, 1989.

Imágenes
-La secuencia fue tomada del catálogo: ¡Acción! Cine en Colombia, Museo nacional de Colombia, Octubre 18 2007, Enero 28 2008, Bogotá, investigación y textos Pedro Adrián Zuluaga.

Nota
Encontrará en la reflexión de Rito Alberto Torres un montaje de la secuencia del atentado muy didáctico  e instructivo.  
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