domingo, mayo 19, 2013

Glosa sobre el cadáver de un dictador


Los amigos del barrio pueden desaparecer,
pero los dinosaurios van a desaparecer.
Charly García.


En vida y muerte, eternamente el dictador será grotesco. Algunos fallecen por la fuerza de la providencia, ancianos, enfermos y en mansiones vigiladas al lado de los suyos, quienes apropiaron o desconocieron la otra facha, la monstruosa. Otros como el prócer de la patria, mueren “en átomos volando”, víctimas de sus practicas de desequilibrio institucional. Por último están los dictadores que no lograron escabullirse del juicio de la historia,  “afrontaron” veredictos civiles que los ubicaron tras las rejas con condenas dignas de sus actos: a cadenas perpetuas o a la pena de muerte con las “botas puestas”.        

Quisieron muchos entrar en la eterna soledad del olvido, pasar de agache ante sus oprobiosos actos, y asumir que simplemente estuvieron en el instante que los necesito la historia en que se inscribieron para colocar en orden el Estado de las cosas, con patrocinios externos en frío y caliente que asumieron los cruzados llenos de estrellas para alinear sus ovejas descarriadas. En ese contexto, nuestros petulantes dictadores atiborrados de reconocimientos en sus aplanchados uniformes, penetraron el aire libre respirado por todos, lo secuestraron, le pusieron límites, lo organizaron en edificios, caballerías o escuelas oscuras con la luz exigua del torturador, aquella que dejaba notar la punta de su nariz, y el aliento a muerte de su voz en la extraña amabilidad de las posibilidades de decidir el soplo de vida para su victima. Culminación de otra jornada irracional.  
  

El día siempre fue oscuro para las victimas del opresor, entregadas a la incertidumbre, buscaron la salida con el idilio hecho sueño de libertad, la que ganaron con la muerte y con suerte la supervivencia, alargada con la dulce victoria de ver a su victimario enmarañado en la realidad de sus actos, postrados, poco avergonzados, y seguros de que lo realizado estaba en el destino manifiesto de su recorrido por este mundo. Pobres seres humanos.

¿Qué se hace con el cadáver de un dictador? Se promociona, se recuerda con el afán del olvido, se esconde, y en últimas se reinventa ante la sospechosa presencia de admiradores que comparten, y sienten su ejemplo como el suyo ante los desequilibrios de su universo.  Quedando la satisfacción que el altivo y locuaz personaje, yace mudo, no grita, no ajusticia, no envía señales para su gran acto, soportando la pesada tierra que mancho con su puño.

El deleite se siente, se respira mejor, bien muerto está, un dictador nos ha dejado, que nunca viva un dictador.   

-Imagen editada de Videla y Pinochet.
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