miércoles, junio 12, 2013

Los Recuerdos del General

El 23 de noviembre de 1974, el General Gustavo Rojas Pinilla –Tunja, 12 de marzo de 1900, Melgar, 17 de enero de 1975- entregó la que sería la última entrevista concedida en exclusiva para el primer número de la Revista de Historia. Fernando Umaña Pavolini fue el entrevistador, aclarando en una línea que dicha conversación fue “revisada y corregida por la familia del General”, por lo tanto se trata de recuerdos corregidos. El título del artículo “las guerrillas en el llano y otras cosas más…”, presenta diversos temas de la vida política del país donde el personaje central estuvo presente, entre otras el nacimiento de las guerrillas, las posiciones de la dirección nacional liberal, la iglesia católica, las fuerzas armadas, la pacificación, entre otras.


El objetivo del presente texto es presentar la versión del militar sobre el golpe del 13 de junio de 1953 que lo llevaría a gobernar al país hasta el 10 de mayo de 1957, cuando la violencia política aún vigente, la censura periodística, los paros nacionales, y las agitaciones estudiantiles en combinación con las burguesías políticas y otros sectores, llevaron a su dimisión entregando la llamada “dictablanda” a una junta militar de transición para iniciar otro proceso conocido en nuestra historia social y política como Frente Nacional.  

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Versión del Golpe del 13 de Junio

F.U.P.- Cuéntenos sobre el 13 de junio.


G.R.P.- Bueno, al principio vino aquella situación tan dura y Laureano resolvió mandarme a España, mandarme a inaugurar el vuelo de Avianca, el 17 de abril del 53. Yo dije: “Laureano lo que quiere es sacarme de aquí  dejarme allá de Embajador para que no vuelva”.

Total que llamé al chófer y le dije: “Eche mi maleta al carro pero no la suba al avión, porque yo no voy a viajar; usted no se lo dice a nadie”. Me llamó el Ministro de Guerra que era el responsable de todo lo que estaba pasando porque los militares, tal vez injustamente, le echaban la culpa a todos los fracasos por su demasiada amistad con Laureano. Me llamó por teléfono y me dijo: “General, yo paso por usted para llevarlo al aeropuerto, con mi General Lombana, mi secretario”. Yo le dije: “Por supuesto, no había inconveniente”. Llegó, nos subimos al carro, llegamos a Techo que estaba lleno de gente. “¡Ay mi General, no se vaya! Que no se sabe que va a pasar aquí”. “No hombre, es fuerza mayor, voy a llevar a María Eugenia para que conozca a Europa, la china ha estudiado muy bien”. Cuando llamaron los pasajeros al avión, me levanté y me dirigí al patio; detrás de mí venía el Ministro de Guerra y detrás el General Lombana. Toda la oficialidad de Bogotá formó una “U”, cerrando para que nadie pudiera entrar al avión. Frente a la puerta del avión había una bandera y luego militares, formados codo a codo; nadie podía pasar; cuando llegué los militares me vieron y me dieron paso. Fue a pasar el Ministro de Guerra y lo empujaron no lo dejaron pasar. “No puede pasar, le dijo un sute y se cerró. Yo pasé la fila y en vez de dirigirme hacía el avión me puse al lado de la bandera; ya todos los pasajeros habían subido. El segundo mío de viaje era el Coronel Escandón; salió Escandón y me dijo: “Mi General sólo falta que mi General suba”. Yo le dije: “Lo encargo que me represente porque yo no viajo a España”. Los militares tiraron la gorra al aire y gritaron: “Viva mi General Rojas, abajo el Gobierno”.

Ahí estaba la señora de Urdaneta; lo llamó por teléfono y le dijo: “Roberto, el General Rojas no viajó a España y dicen que de aquí va a coger para palacio a hacerse cargo del Gobierno”.

Bueno… yo tomé el carro con mi ayudante y me dirigí  a mi Despacho, saqué los dólares que me habían dado para el viaje y le dije a mi ayudante: “Tome teniente vaya a Tesorería y entregue estos dólares que me han dado para viajar y saque doble recibo del Tesorero, firmados por él, porque luego dicen que no los quise devolver”. Luego seguí trabajando: me llamó por teléfono Urdaneta (él me decía Gustavo): “Gustavo me alegra mucho que no te hayas ido. ¿Y qué vas hacer?” “No… Aquí trabajando, despachando estos asuntos urgentes…?  

Laureano vio que no había podido salir de mí. Como había tenido un encuentro duro con Laureano cuando lo conocí, él sabía mi modo de ser. Entonces “El Siglo” empezó a atacarme; fui y hablé con el Gerente y le dije:

“Les prohíbo que vuelvan a hablar de las Fuerzas Armadas o les cierro el periódico”            

“¿Le cierra el periódico al doctor Laureano Gómez?

Y le respondí: “Sí, le cierro el periódico. Al día siguiente mandé un oficial con tropa: “Revise la edición, si hay algo contra las Fuerzas Armadas, decomísela. Y evidentemente, venía una catilinaria contra mí. Después preparé el banquete del 22 de mayo e invité a todos los Comandantes de las Fuerzas Armadas, Cuerpo de Tropa, Generales en retiro, Cuerpo Diplomático, Alzate, Ospina, etc. Fue el famoso discurso del 22 de mayo del que dijeron que había sido el Golpe de Estado. Se acentuó la tirantez con Laureano, la cosa más brutal, hasta que me fui el jueves anterior al 13 de junio. Tenía yo un coctel para despedir la misión americana, lo preparé en la Escuela Superior de Guerra y ordené que todos los Comandantes de Tropa de Bogotá fueran al banquete; con cada uno de ellos hablé separadamente y les dije:

“Me voy para Melgar mañana y vuelvo en el primer avión del lunes, durante mi ausencia ustedes no reciben ordenes sino mías. Ni del Presidente, solamente verbales del General Rojas Pinilla. Esta es una orden general que tienen todos los Comandantes”. Me sorprendió mucho que al otro día por la mañana, me dijo un amigo y muy amigo de Laureano “¿Te vas mañana para Melgar? “Sí, me voy mañana”.

“Te apuesto una caja de whisky a que cuando regreses te han dado de baja”.

“Con esta condición te la apuesto, de que si el Gobierno me da la baja se cae”.
Me respondió: “A eso sí no le apuesto, porque el Gobierno se cae”.

“Entonces vamos a hacer una cosa, vamos a apostar doce monedas de cincuenta centavos”, y las sacó. Yo saque una y dije: “Que sean trece”.

Por eso era que en Palacio, en mi escritorio, había trece monedas de cincuenta centavos. Y evidentemente me fui, y di orden que si pasaba algo en Bogotá, un avión diera tres vueltas sobre la finca mía en Melgar y me esperara en Flandes.

Me estaba bañando (tengo un sexto sentido para las cosas) y le dije a Carola: “Salgamos ya porque el avión salió de Bogotá y tenemos que irnos. Salí, almorzamos, nos preparamos y evidentemente llegó el avión, dio las tres vueltas, era un DC-3. Me llamaron al teléfono, era Berrío Muñoz y Duarte Blum, me dijeron: Es urgente que regrese inmediatamente”.

Cuando salí de Melgar puse el radio y ahí decían que había tomado posesión Laureano, que me había dado de baja; solté la risa y dije: “¡Viejo pendejo!”. De ahí en adelante me encontré con el primer carro de detectives que habían mandado para que me asesinaran; los habían mandado por Fusa y por Girardot. Yo llevaba un carro con ametralladora y soldados armados adelante y otro atrás, luego iba el carro mío; nos encontramos en una curva, en un puente, casi se va abajo el carro de los detectives. Al llegar a Techo había una compañía esperándome y al salir de techo había otro carro de detectives; se salvaron milagrosamente porque yo iba en un camión del ejército y el que manejaba la ametralladora los vio y los iba a matar. Yo alcance a subirle el cañón y le dije: “No les haga nada, vea que están muertos de miedo”. De manera que habían dado orden de que me mataran.


Laureano se largó de palacio y se perdió, no se pudo encontrar; mejor dicho se escondió, el único que sabía donde estaba era Luis Ignacio Andrade. Cuando yo le dije a Urdaneta, siga usted mandando aquí con el apoyo nuestro, a mí no me interesa el gobierno, él dijo: “Pero mientras Laureano no renuncie, yo no puedo asumir porque él es el Jefe del Estado”, entonces le dije a Andrade: “Por qué no vas tú que sabes dónde está Laureano le sacas la renuncia, la traes y sigue todo normal. Te vas en el carro mío con mi ayudante para que no te pase nada, porque la ciudad está tomada, y si te ven, tú que eres Ministro de Gobierno de Laureano, te puede pasar alguna cosa”. Pero yo lo mandaba para saber donde estaba Laureano. Regreso y dijo: “Mi General, Laureano dice que antes de firmar la renuncia, para que siga gobernando Urdaneta, prefiere que usted se haga cargo del Gobierno”. De manera que quien dio el golpe del 13 de junio fue Laureano Gómez. Sencillamente así, y luego dicen que lo desterré. Lo primero que yo hice fue rodear la casa de Laureano, porque le iban a meter candela. Tuve que enviar una compaña para evitarlo. Los liberales lo iban a matar, pero pensé: lo matan y después dicen que yo lo maté: entonces tengo que sacarlo del país, y tengo que sacarlos a todos, porque si Álvaro se queda es al primero que matan, eso sí,  porque era el que iba y venía con las razones. Luego, para demostrarle que yo no lo sacaba por odio ni por nada de esas cosas, fue cuando dicte el Decreto: “Los Presidentes en el exterior ganan en dólares”, y le puse tres mil dólares. Ningún Embajador ganaba esa vaina y dicen que lo exilié para que se muriera de hambre. Vea usted, es que no hay derecho, no hay derecho a mentir en esa forma (págs. 15-17).  

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La información venida de la memoria del General, hace parte del anecdotario de la forma como llegó al poder con particularidades especiales. El contexto colombiano antes, durante y después de su llegada al gobierno como presidente, queda escuetamente presentada en está parte. Como documento es importante por escuchar la voz de Gustavo Rojas Pinilla, y plantear el momento de su desencuentro con Laureano Gómez, que ausente del gobierno por problemas de salud desde el año 1951, ejercía la suficiente influencia en un sector del partido conservador, entre ellos al designado Roberto Urdaneta. Los avances, logros y fracasos, de lo vivido bajo su mandato, quedan en la tribuna de la investigación histórica que clarifica está etapa en momentos difíciles en lo social ante la Violencia política partidista acentuada desde el año 1948.

Luego de sesenta años la violencia heredada de esos tiempos ha mutado, viejos y nuevos actores se han sumado al entramado de nuestras regiones y ciudades, siendo el espacio rural el más afectado. La esperanza sigue viva, construyéndose y forjándose dificultosamente con la Paz anhelada que alguna vez tuvieron las guerrillas del llano en los años cincuenta, y representada en un nuevo capítulo sostenido en la delgada línea de los acuerdos que las aves de rapiña pican constantemente.                  

Fuente
Fernando Umaña Pavolini, Las Guerrillas en el Llano y otras cosas más…,-última entrevista con Gustavo Rojas Pinilla-, Revista de Historia, Nº1 Vol. 1, Bogotá, Agosto de 1975. 
Imágenes
-Sin referencia de autor,  corresponden a la Revista de Historia.
Nota
Para el interesado en el tema, revisar las siguientes obras:
-Cesar A. Ayala Diago,  Resistencia y oposición al establecimiento del Frente Nacional: Los orígenes de la Alianza Nacional Popular (Anapo) Colombia 1953-1964, Universidad Nacional de Colombia, Colciencias,  Produmedios, 1996. 
_______________, Nacionalismo y populismo: Anapo y el discurso político de la oposición en Colombia, 1960-1966, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Departamento de Historia, Cindec, Colciencias, 1995.      









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