5.7.13

Parodia y animación hitleriana –segunda parte-

El cine animado ha sido un género ideado para satisfacer cierto público, sobretodo el infantil y juvenil que digiere fácilmente este tipo de historias, teniendo en Walt Disney una empresa especializada desde sus inicios con personajes centrales sacados del reino animal, y adaptaciones de fabulas ya tradicionales en la cultura popular, formula exitosa que la posiciono en el entramado de la producción cinematográfica. Su entrada en la realidad que vivía el mundo en los primeros años de la década del cuarenta -por causa de la Segunda Guerra Mundial en territorio europeo-, se hizo por medio del trabajo creativo de sus animadores para desarrollar historias que entregaran un mensaje directo, político, y propagandístico sobre el conflicto, sus personajes, las vivencias, y posibilidades en el terreno de la participación norteamericana. Siendo un vehículo mediáticamente eficaz, los trabajos de animación fílmica que se comentan pertenecen a la historia del cine en un contexto histórico relevante de Siglo XX, vigentes en su interpretación e importantes en su socialización. 
   
El Rostro del Fuhrer
En 1942 “la magia de Disney” realizó un cortometraje animado dirigido por Jack Kinney titulado Der Fuehrer's Face  -el rostro del Fuhrer-. Con el pato Donald podemos observar y oír en ocho minutos, una pegajosa melodía interpretada por una banda de cinco individuos, destacándose el emperador japonés Hirohito tocando la tuba, Göring –comandante de la Luftwaffe– tocando la flauta traversa, Goebbels –ministro de propaganda- tocando el trombón, y Mussolini –Ducce italiano- con el bombo, forma caricaturesca que de entrada los ubica como personajes centrales de un conflicto mundial, dejando notar algunos símbolos que identifican sus nacionalidades. Seres superiores, control territorial, y la mención de superhombres de la raza aria, son temas en los que se insisten en el estribillo, con una particularidad, todas culminan con el famoso saludo nazi dirigido al nombre de Hitler. La esvástica usada en la bandera alemana nazi, se atraviesa constantemente en los uniformes de los personajes, en forma de poste de alumbrado público, en los arbustos, en las aspas del molino, en las nubes, en el cuarto de Donald como papel de colgadura, en el despertador, y en el reloj cucú que nos exhibe al pájaro autómata con el rostro de Hitler y su brazo extendido.


Entrando en escena, el pato es despertado por la bayoneta de un soldado nazi, saltando de la cama, y saludando automáticamente los retratos de Hirohito, Hitler y Mussolini. Lo vemos perezoso, medio zombi, mojado para que reaccione y se ponga en alerta para una nueva jornada, la que nos presenta a través de su actividad detrás de un biombo para colocarse el traje oliva y dirigirse a una caja fuerte resguardada por un cuadro más grande del Fuhrer, sacar de allí su desayuno, y mostrar la escases en un minúsculo grano de café que funciona en la taza de agua como bolsa de té, en una botella estilo perfume con el rotulo “aroma de huevos y tocino” que oprime sobre su pico, y un pan extremadamente tieso que parte con un serrucho. Mensaje que demuestra el escaso alimento que tienen los propios integrantes del nazismo, solventado -en medio de la dificultad de comer un trozo de pan- por la bayoneta que pone sobre la mesa de Donald con la frase, ¡alimenta tu mente!, el libro político y autobiográfico de Hitler Mein Kampf  -Mi Lucha-, significando que lo más importante en sus copartidarios es el alimento ideológico.      

Sacado de su casa por la banda musical de guerra, el  pato norteamericano es subyugado y obligado a cargar el bombo hasta la entrada de una fábrica donde el narrador explica que deben “sentirse orgullosos de ser nazis y trabajar para el Fuhrer 48 horas  al día”, entrando en una industria armamentista para el frente de batalla. Copiando un poco la famosa escena de Chaplin en Tiempos Modernos cuando aprieta las tuercas incesantemente hasta la locura, vemos a Donald apretando las puntas de las balas de todos los tamaños, y entre algunas de ellas el retrato de Hitler con la obsesión contagiosa de saludarlo como obliga el orden. La voz en off que observamos salir por los altavoces con gran potencia, vanagloria a Hitler y presenta la oferta de vacaciones “sin paga” para sus empleados, una lona con el reflejo de los Alpes, además de la escogencia por decreto especial para trabajar horas extras, insistiendo en la rapidez para obtener más municiones, llevando al personaje hasta el cansancio, volviéndolo loco, pidiendo alto, y teniendo una serie de visiones donde el armamento es el centro imaginativo que se asemeja a los personajes de la banda marcial, y que lo ubican como un esclavo encadenado, pisoteado hasta no dar más y explotar, lo que nos lleva otra imagen.


Despertándose de su sueño, la animación que tenemos es más colorida, un pato Donald que despierta en un escenario esperanzador, con la pijama que inmediatamente nos rememora la bandera estadounidense con las estrellas y las barras -adorno regular en todo el cuarto-, y una confusión inmediata, la sombra de lo que parece ser la figura de Adolfo Hitler que equívocamente saluda apesadumbrado el pato, pero que simplemente es el reflejo de una pequeña estatua de la libertad que acompaña una mesa al lado de la ventana, dirigiéndose a ella, cogiéndola y besándola, expresando sentirse orgulloso de ser un ciudadano de los Estados Unidos de América. Finalmente, el estribillo que afirma “si no amas al Fuhrer/es una gran desgracia/entonces decimos, ¡Heil!, ¡Heil!/Derecho a la cara del Fuhrer/ decimos, ¡Heil!, ¡Heil!”, mientras tenemos como imagen el rostro de Hitler, adusto, y recibiendo un gran tomatazo que le estalla, apareciendo el fin de la obra.                

La apuesta de Disney en la coyuntura del conflicto bélico es notoria, y cargada de mensajes básicos y a la vez complejos en el escenario disputado, la simbología de guerra, los lideres del bando opositor, y un personaje central visualmente reconocido, suman a la idea central de exhibir las condiciones en que el nazismo tiene sometida a su población, con dos caras, la del ciudadano alemán abocado a los requerimientos de su nación por medio de una industria de guerra, y la del ciudadano norteamericano que “supuestamente” vive de las garantías institucionales por medio de la libertad. Su exhibición debió convertirse en arma política para demostrarle a otras naciones la realidad del momento, y en propaganda institucional del gobierno norteamericano con la máxima de ser una producción artística de los entornos hollywoodenses, sin dejar de ser, como se observa al final, una cinta que exalta a los Estados Unidos, ubicándola como la gran nación poseedora de ese destino manifiesto que la encumbra como defensora de los débiles y desposeídos en el anclaje de su connotado imperialismo.   

 Enseñanza para la muerte
El segundo cortometraje de Disney se realizó en 1943 con el título de  Education for Death: The Making of the Nazi -Enseñanza para la muerte: La formación de un nazi-, dirigido por Clyde Geronimi, y adaptado de la obra del mismo título escrita pot Gregor Ziemer. La historia de uno de los niños de Hitler, tiene nombre propio, Hans. Desde el inicio con un narrador en off, vamos conociendo el proceso de convertir un ciudadano alemán en nazi, desde el control al momento de nacer, y su revisión documental del pasado ario, hasta la escogencia del nombre por fuera de aquellos que están en “la lista de nombres prohibidos”, acción que es presentada con las imágenes de unos padres asustadizos al momento de registrar su hijo ante un juez del Tercer Reich quien les entrega un certificado hereditario con espacio para doce hijos, “sutil indirecta que Alemania necesita soldados”, más una edición del libro base de la ideología nazista.

La siguiente parte se enfoca en lo que le sucede a Hans en el jardín de infantes, aprendiendo las fábulas del nuevo orden con el ejemplo transformado de La Bella Durmiente, enseñándoles que la malvada bruja es la democracia, la bella durmiente una gorda rubia de nombre Alemania, y un príncipe azul en carrera a su rescate de nombre Hitler, quien sacude a la bruja con su espada, y hace huir por lo tanto la democracia. Alemania, media dormida y ebria de cerveza, se presta a recibir el beso de su salvador, viéndolo se espabila y lo saluda ¡Heil Hitler! Quitando su armadura medieval del rostro, Hitler vocifera, gesticula, se pone rojo de la ira, le salen cuernos diabólicos, mientras los saludos siguen y Alemania lo abraza estrepitosamente entre sus senos casi asfixiándolo, saliéndose, y alzándola dificultosamente en sus brazos para llevarla hasta su blanco corcel y ser montada en sus ancas, lo que el narrador metafóricamente llama “y la llevo cabalgando, la subió a su montura, es que Hitler puso a Alemania a sus pies”.

La fabula transformada se convierte en la directa acción inicial de moldear el pensamiento de Hans con la figura idílica de Hitler como príncipe salvador; pasando a otra escena, la del niño enfermo, con la imagen de una madre con el miedo inminente de que su hijo sea arrebatado por el Estado por no ser apto para sus políticas bélicas, y la entrada de un oficial nazi vociferante que le recuerda a la madre de Hans “que debe dejar de mimarlo o el Estado deberá intervenir y tomar posesión de él”. Pasamos al salón de clase con unos niños dirigiendo su saludo nazista en dirección al cuadro de Hitler con el juramento de “pelear, obedecer, y morir por el Fuhrer”, la lección de historia natural que encontramos exhibe un lobo y una liebre, lucha por la supervivencia donde el más fuerte vence, en este caso el lobo que la caza y digiere. El sentido de la imagen es la pregunta que realiza el profesor a Hans  sobre lo aprendido, y la respuesta desconsoladora del niño sobre la protección del indefenso animal, lo que ofusca a su maestro, enviándolo a un rincón y asestarle el sombrero que lo identifica como burro; repitiendo la pregunta, otros niños responden lo que deseaba el profesor, “el mundo pertenece al más fuerte, al más brutal, el conejo es un cobarde y merecía morir”, mientras Hans repite lo escuchado y se pone al tono de sus demás compañeros. Según el narrador, “si esta lección es la base de pensamiento nazi, por Alemania asimismo, destruirán a todas las débiles y cobardes naciones”, lo que expone con la arenga del maestro que afirma “los alemanes son una súper-raza, los demás se volverán esclavos, Alemania es invencible, ninguno de nosotros tiene miedo”.   



Las escenas que siguen pertenecen a la actividad de los nazis en sus grupos de asalto, marchantes, con antorchas, y un Hans que debe ya enlistarse en su educación superior donde los incendios, el cambio de una biblia por el texto Mi Lucha, la de un crucifijo por la daga de las Gestapo, y el incendio de ciertos sitios de orden sagrado sirven de antesala para ver al niño “marchar y saludar, saludar y marchar” con su brazo en alto, y en traje de las juventudes hitlerianas, sin encontrar en él la risa, la esperanza, la solidaridad y la tolerancia; sigue creciendo, marchando y saludando hasta convertirse en buen nazi, “él no ve más de lo que el partido ve por él. Él no dice nada de lo que el partido dice por él, y él no hace nada, excepto lo que el partido le ordena que haga. Y, entonces, el sigue marchando, con sus miles de camaradas, pisoteando los derechos de otros. Ahora, su educación está completa. Su educación para la muerte”. Escuchando al narrador encontramos en las imágenes algunos aspectos relevantes en medio de la marcha triunfal ya reconocida, saliendo de su casco cierta visera que tapa sus ojos y oídos, una careta para su boca, y una cadena alrededor de su cuello como esclavo de la guerra de libra, finalmente un cambio significativo que traspone los cascos marchantes en cruces dentro de un espacio que los alberga en su lecho de muerte.      
                             
Viniendo de Disney, los dos cortometrajes utilizan rasgos característicos que ya eran marca dentro de la industria cinematográfica, usando una de sus figuras, y la fabula con princesa, bruja y príncipe para explicar el método utilizado por Hitler para llegar al poder. El sello fuerte que diferencia los filmes estriba en presentar el factor educativo como medio eficaz de alienar la población joven para la causa nazista, ejemplo explotado en varias ocasiones dentro de la industria cinematográfica. Si en la primera obra el rostro de Hitler es inmóvil -expresado en un simple retrato-, en el segundo corto el Fuhrer es el príncipe de la fabula narrada, en movimiento, y presentando sus rasgos distintivos. Sacarnos una risa en medio de la realidad, es el objetivo de Donald con la banda sonora que se vuelve repetitiva, mientras que en “la enseñanza para la muerte” se nos convierte en tragedia la historia de vida de Hans en el proceso educativo que sufre.

Propaganda anti-nazista con el objetivo de exponer la forma de educar a los jóvenes alemanes, es la posición de Disney con este cortometraje. Para la historia del cine es importante conocer la intervención de una productora cinematográfica especializada en el público infantil, participando artística y política en el engranaje mediático que era oportuno para el contexto del proceso bélico que se vivía, seguro con el asentimiento del gobierno norteamericano, y con el sesgo especial en ciertos mensajes visuales que no pasan desapercibidos a la hora de una evaluación minuciosa. Por último, como recursos didácticos, las dos obras son importantes para mostrar como la participación del cine servía de mediación entre el público ausente del conflicto y los involucrados. Para el presente, tendríamos que mediar con las razones del conflicto, sus actores y sus consecuencias, explicando a los interesados en el tema que se trato de una de las formas de sentar una posición por medio del arte, que es vigente, y suma al repertorio de herramientas didácticas para el sistema educativo.        

Referencias para ver los cortos animados
-Educación para la muerte: http://www.youtube.com/watch?v=OrYq3hnxDAM

Nota
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