viernes, enero 31, 2014

Bucaramanga en la Penumbra

La exhibición cinematográfica 1897-1950
Angie Rico Agudelo.
Universidad Industrial de Santander
Colección Temas y Autores Regionales

2013, 232 páginas.  

Las publicaciones académicas de nuestras universidades adolecen de una acertada divulgación en el ámbito nacional e internacional, no pasan de convertirse en lecturas de pocos por medio de la promulgación de los autores en sus cursos de pregrado, o del interés lejano de algún investigador que tiene la misma temática y decide acercarse a ese texto que podría ser una fuente para sus propósitos. Un ejemplo de lo expuesto es el libro que se reseña, una historia local desde la exhibición cinematográfica en la ciudad de Bucaramanga entre los años 1897-1950, escrito por la historiadora Angie Rico, quien desafortunadamente –no se sabe si por error u omisión- no es presentada como se acostumbra, quedando para los que no la conocen, esa duda sobre su accionar académico e intelectual, y para los que la conocemos, el descontento por obviar está necesidad básica para los lectores. Su obra se divide en tres capítulos, exponiendo la historia de “Bucaramanga en la Penumbra”, con el proyectar de las imágenes en movimiento durante la primera mitad del siglo XX, y con una amplia bibliografía de fuentes periodísticas e imágenes que complementan los temas tratados.

El primer capítulo, la fantasía científica llega navegando (1897-1930), presenta los antecedentes y avances fotográficos para llegar al cine, y el uso del vitascopio con la figura de Manuel Trujillo como pionero de su uso en la capital santandereana -tesis que la autora retoma del investigador José Nieto-, exhibidor que la noche del 21 de agosto de 1897 en las instalaciones del Teatro Peralta, pusiera ante los ojos el invento de Edison, y cambiara en parte la forma de divertirse de esos pobladores asombrados ante el espectáculo del mundo al alcance de los sentidos. El cinematógrafo y la guerra de los mil días como contexto, orientan otra parte de nuestra historia primitiva fílmica enfocadas en el caso investigado, con tres reflexiones dirigidas a cintas de cierto valor histórico: El Drama del Quince de Octubre -1915-; Garras de Oro -1926-; Caminos de Gloria o Rafael Uribe Uribe o el fin de las Guerras Civiles en Colombia – 1928-.          
   

La autora describe en los años del cine errante, el afán por llevar ese nuevo invento a los apartados sitios geográficos de nuestro territorio, y Bucaramanga no era la excepción, por lo tanto los aventureros empresarios con los avances fílmicos con el nombre de Biógrafo Lumière, Cinematoscopio, Camaratógrafo Powers, o Cinematógrafo Lewis, se encargaron de programar y registrar sus cintas en diversas funciones y en escenarios que empezaban a ser reconocidos como espacios de encuentro para la sociedad bumanguesa, claramente registrados en noticias de prensa. El cine pasando la calle, presenta los avances en los escenarios para el disfrute del cine, empresas de exhibición que empezaron a fortalecer el mercado, y a tener sucursales para su usufructo comercial, es el caso de el Salón Universal y el Teatro Pathe, que se pusieron uno al frente del otro en 1913, cada uno diferente en su estructura arquitectónica, y las obras que proyectaban, por lo tanto “tras la apertura de los dos salones cinematográficos, la ciudad empezó una vida nocturna que no se nutría solo de las funciones de estreno o de las ocasionales visitas de los grupos teatrales; los clubes sociales  y las tabernas del centro encendieron sus luces con mayor frecuencia y se convirtieron en espacios predilectos para departir tras los espectáculos” (pg. 57); lo socialización del cine, más la aparición de otros espacios de divertimento que servían de conjunto al entorno urbano, suscito en el ambiente de algunos ciudadanos la necesidad de legislar y censurar la oferta artística, apareciendo las denominadas juntas que se encargaban de reglamentar y decidir que era bueno o malo para el entorno de sus habitantes (págs. 58-62).

La necesidad de nuevos teatros, y proyectos venidos del siglo XIX sin ejecutarse, definen lo que llama Angie rotundos fracasos, explicándonos los pormenores de estos asuntos, y el auge y deterioro del Teatro Peralta que servía de escenario para las variedades y películas que ofrecía la empresa Gran Cinema Olimpia. Así mismo encontramos reseñado el caso del Teatro Variedades, y la formación de la Compañía Anónima del Teatro Bucaramanga, apareciendo la figura de Emilio Garnica como benefactor y futuro empresario del gremio de los exhibidores fílmicos de connotada importancia en la ciudad. La última parte del primer capitulo titulada circos para cinematógrafo, retoma el auge del espectáculo fílmico mezclado con otros espectáculos de interés general que fortalecían las necesidades de divertimento de la población local, apareciendo el Teatro Circo Garnica como sitio influyente y destacado, además de otros factores ligados a la empresa cinematográfica que entraban en el entramado de su uso y provecho (págs. 72-89).

El segundo capítulo, el cine sonoro se hace realidad, describe el auge y desarrollo del cine en el ámbito mundial y su oportuna llegada al ámbito de exhibición en Bucaramanga, incluyendo referencias a la cinematografía colombiana con algunas de sus obras representativas. La consolidación de los templos, convertidos en teatros para cine, tiene en el Teatro Garnica, Teatro Covelli, y Teatro Santander, los espacios idóneos donde el negocio de exhibición se posiciona, y con ellos la oferta y demanda de unos espectadores que asumían dentro de su tiempo de ocio, la oportunidad para vislumbrar otros mundos a través del lienzo (págs. 107-119). Ante la consolidación de los teatros, y un público promedio, cine, moda y publicidad formaron un tridente necesario para impulsar productos y ganar adeptos con el imperio hollywoodense que descrestaba con el sistema estrella de su actores, la publicación de la revista Cineco de Bucaramanga en 1939, y la difusión de Piel Roja o Pierrot en el intermedio para fumar (págs. 120-131).

El ascenso del cine mexicano, más la exhibición de películas durante la Segunda Guerra Mundial con algunas referencias trascendentales para entender el momento  de exhibición en Bucaramanga, son expuestas por la autora a la par de los espacios de exhibición; culminando con el arte del color, y el impulso de cuatro escenarios que ya consolidaban la exhibición fílmica, concluyendo: “Los cincuenta primeros años del cine en la ciudad dejaron transformaciones significativas en su cotidianidad; las conversaciones se enriquecieron con las cintas, los lugares lejanos pasaron como ilusión tecnológica frente a los ojos  de los bumangueses, el rol de las mujeres en la sociedad y su estética se vieron influenciadas por las películas importadas, historias sencillas fueron complejizándose en la pantalla hasta convertirse en obras de arte, conocimientos antes inaccesibles, como los argumentos literarios y las tendencias musicales, se popularizaron con facilidad, ampliando el panorama de una ciudad pequeña que se desarrollaba con lentitud” (pg. 186).                        
              
El tercer capítulo, la producción cinematográfica, destaca dos obras de relevancia para al región, la primera de ellas titulada la ciudad que resucita –Hermanos Gutiérrez, 1908-, es la reconstrucción documental de un itinerario de Bucaramanga en ocho vistas con los días de la semana como telón de fondo y algunos de sus espacios más representativos. Igualmente, el caso de la obra silente de Félix J. Rodríguez en 1926 con la cinta de ficción Alma Provinciana, que encaja dentro del género de comedia costumbrista, y restaurada años atrás por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Bucaramanga en la penumbra se convierte en una investigación importante para el desarrollo de nuestra historia cinematográfica, suma al repertorio de textos que han buscado describir y explicar la llegada del cine a nuestras ciudades y regiones,  los cuales siguen siendo consultados por un número reducido de interesados investigadores que sobre las prácticas de exhibición fílmica existen en nuestro país. La pesquisa entrelaza la descripción y el análisis con temas de la historia del cine para contextualizar su objeto de estudio, sin lugar a dudas suma para el repertorio histórico regional del Departamento de Santander, esperando que su uso e integración para el conocimiento en escuelas, colegios y universidades, sea aprovechado para que su historia sea reconocida en los primeros cincuenta años del siglo XX, quedando pendiente la segunda parte de la que podría ser una trilogía, teniendo en cuenta el  libro Cinematógrafo: comentarios y crónicas de cine en Santander publicado por la misma editorial en el año 2012, y de la misma autora.                


Perfil de la autora
Angie Rico Agudelo
Historiadora de la Universidad Industrial de Santander. Realizó una investigación sobre los escenarios de exhibición cinematográfica de la ciudad de Bucaramanga, cuyos resultados fueron presentados en la compilación Cinematógrafo: comentarios y crónicas de cine en Santander (Universidad Industrial de Santander, 2012), y en el guion museográfico Historia del cine en Bucaramanga. Es autora del artículo Del teatro al cine, un acercamiento a la vida cultural de Bucaramanga 1897-1918 (2010), publicado en la revista digital Cambios y Permanencias. Ha colaborado en la selección de textos para la redición de los autores santandereanos Aurelio Martínez Mutis, Aída Martínez Carreño y Jaime Chávez Suárez.       

              
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