26.5.14

Cinematógrafo: aciertos y cinefobia en 1915

Nuestras revistas de cine se encargaban de difundir en sus medios publicitarios de divulgación algunas noticias que consideraban de interese general, para aquellos aficionados y expertos que se tomaban en serio la visita a los teatros, los comentarios críticos, y otras acciones paralelas que el cinematógrafo posibilitaba desde las imágenes noticiosas en el frente de batalla de la I Guerra Mundial, y el uso educativo que los filmes podían tener en complemento a la educación tradicional. En contexto, todavía en el año 1915 el cine se movía entre los debates de su eficiencia como medio artístico de difusión y ocio.

Divulgando textos de interés sobre cómo se percibía el cine en momentos cruciales para algunas zonas del país desde la exhibición, y el negocio fílmico, el ejercicio de transcripción que exponemos posibilita entender un poco las mentalidades del uso y contenido que las imágenes en movimiento a través de informaciones extranjeras, y replicas que denotan “elegantemente” una defensa decorosa.

Podemos encontrar en el breve texto asuntos como el declive del cine, su extinción, la variedad temática, la técnica, la estética, su uso educativo, y otras cuestiones claramente ligadas a un interés publicitario de los señores Di Doménico en su revista Olympia para seguir captando público insatisfecho, y ante todo fortalecer su negocio de exhibición con las posibles consideraciones que el público tenía con el atractivo, novedoso, y peligroso espacio de encuentro para ver historias silentes del mundo, y en algunos casos su propio contexto social.    
      
Texto: Olympia, Revista Cinematográfica Ilustrada. Bogotá, Julio 24 de 1915.  

¿Pasará el cinematógrafo?
Pasan y pasan las películas en todas partes del mundo. ¿Pasará algún día el interés que despierta el maravilloso proyector? Por aquí se ha publicado una especie de croniquilla yanqui, en la cual se afirma de manera dogmática la inevitable bancarrota de las funciones cinematográficas. El cronista dice que ya el público no quiere verlas, pues se encuentra de films hasta la coronilla. No sé con qué intención se habrá escrito esto, pero sí me permito creer que la verdad no es de la devoción del bachiller que cierra contra el brujesco aparato de Edison. Puede que estemos ante un caso de cinefobia. Ya en Caracas conocemos ejemplares, más o menos auténticos, de esta novísima y curiosa enfermedad. Tipos hay que en realidad odian sinceramente al cinematógrafo. No deja de ser un odio bastante cómico, pero al fin es un odio.

En cambio hay sujetos que solo por pose se declaran enemigos del inocente espectáculo y dicen pestes contra él. Esto no obsta para que después asistan a las funciones y gocen como unos benditos ante el desfile de las cintas impresionadas. Sucédele lo mismo que a esos detractores de la fiesta de toros que en las tardes de corrida se vuelven locos aplaudiendo y luego hablan, indignados, del salvajismo del espectáculo.

¿Sera posible que el público se canse del cinematógrafo? Yo no lo creo. Al contrario, observo que cada día se perfecciona y cobra más auge ese especial arte de las películas, que es, a no dudarlo, el que se presta mejor a la variedad. Hoy en día se obtienen maravillosos efectos en materia de paisajes, se realizan admirables obras de estética y se logra que grandes autores y artistas, comprendiendo que si hay legítimo arte en el cinematógrafo, contribuyan a sus prestigios con labores de filigrana. Películas hay que tienen la intensidad, la belleza, la gracia de verdaderas obras teatrales, aventajándolas en el hecho de que en la tela podemos contemplar el desarrollo amplio y completo de la acción en todas las situaciones y paisajes.

En cuanto a la inutilidad del cinematógrafo, se ha caído el cronista al declararla estáticamente. El cinematógrafo educa. Muestra los diversos aspectos de la vida, ya históricos, ya de actualidad y es algo así como un múltiple maestro gráfico para esas multitudes que circunscritas a una vida estrecha, ven de pronto desplegarse ante su vista diversos y notables panoramas del mundo. Además, en materia de experimentos científicos y de conferencias, las proyecciones son de una innegable utilidad ilustrativa. En los grandes centros civilizados se valen con frecuencia de las películas para tan alto y cultos fines. Y luego, para la historia, los films cinematográficos constituyen un admirable e irrecusable archivo. Por sobre las mentiras de las palabras prevalecen  los hechos, patentes y vivos en las cintas. En la actual guerra de Europa, los distintos Estados Mayores tienen operadores en los campos de acción, obteniendo por parte del cinematógrafo los más veraces documentos.
Atilano Pérez.                                                   



8.5.14

El Candidato

La campaña política a la presidencia de la república para el periodo 2014-2018, se ha caracterizado por ser aburrida en el plano del debate de las ideas programáticas en temas trascendentales como educación, cultura, economía, paz, etc. Cogemos las propuestas por noticias periodísticas o por el interés particular de buscar información en las páginas web de las campañas, y la publicidad televisiva que da ciertos lineamientos para identificar que tipo de país desean linear. Para otros es emocionante la campaña política por la “alta suciedad” de dos adversarios que otrora andaban cogidos de la mano, y hoy, divorciados, se sacan los dientes y las uñas con sus empresas oscuras de desprestigio. Noticia va, noticia viene, y los periodistas gozan con la inmediatez informativa que plantea día a día un nuevo escándalo.  

Las dudas de algunos electores para elegir candidato siguen vigentes, algunos invitan al voto en blanco; otros dicen no gustarles votar –nunca lo han hecho- porque no creen en la democracia; un gran porcentaje visita las mesas llevados del collar como borregos con el voto vendido; finalmente van los que dicen tener  convicciones políticas, y dan su golpe particular de opinión así queden en el anonimato electoral.  

En medio del fastidio, y  desinterés nacional por la “fiesta de la democracia”, les propongo a El Candidato, sacado de las entrañas de la historia del cine colombiano, cinta que “con sátira y humor nos revela como urbanizadores piratas y farsantes profesionales emergen como candidatos del pueblo, todos ellos se encuentran tras la figura de Clímaco Urrutia U.”  


Tal cual, como dice la caricatura del “boletín del consumidor”, estamos ante farsantes profesionales, vendiendo un producto de interés nacional del cual se usufructúan muchos, y otros ni siquiera lo conocen. Repetición de un cuatrienio que vemos como espectadores del circo nacional con patriotas salidos de todas las regiones del país. Atención, llegan los payasos, los malabaristas, los lagartos, los manzanillos, y con ellos un nuevo presidente, que suene el ¡himno regeneracionista!

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Datos resumidos de la película citada tomados del libro Largometrajes Colombianos de Cine y Video 1915-2005, Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, 2006, p. 82.

El Candidato        
1978 -101 min. –Color- 35 mm Ficción.
Dirección: Mario Mitrotti.
Guion: Humberto Martínez Salcedo, Mario Mitrotti y Bella Ventura.
Productor: Producciones Fílmicas Colombianas –Profilco, Global Films, Cinematográfica Nacional-.   
Interprete
s: Jaime Santos, Carlos Benjumea, Hugo Patiño, Carlos Muñoz, Pepe Sánchez, Humberto Martínez Salcedo, y un resto de personajes de nuestra historia televisiva y fílmica.

3.5.14

Cali, ciudad abierta

Arte y cinefilia en los años setenta
Katia González Martínez
Tangrama
Ministerio de Cultura
Colombia, 2014, 320 págs.

La autora es Maestra en Artes Plásticas de la Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB), y Magister en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad de la Universidad Nacional de Colombia. Vinculada como asesora de la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales de la Alcaldía de Bogotá, profesora de arte colombiano en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y constante gestora de diversos proyectos alusivos al arte colombiano y latinoamericano que han tenido su divulgación en revistas de corte académico desde el campo investigativo de su disciplina. El libro hace parte de la Beca de publicación artística del Ministerio de Cultura en el año 2012, realizado por Tangrama y Katia González Martínez

El prólogo realizado por el historiador Ramiro Arbeláez, pone su acento en la acertada triangulación de las fuentes usadas para la investigación, las cuales hacen parte de un momento especial para la ciudad de Cali, y ante todo recientes con respecto a sus aportes y posibles diferenciaciones a la hora de narrar un hecho dirigido al objeto de estudio; por eso el agradecimiento del prologuista a la autora en relación al acertado trabajo metodológico de constatar con otras fuentes la información obtenida oralmente. Testigo directo del periodo estudiado, Arbeláez nos introduce rápidamente a ciertos momentos de la historia cultural de la ciudad, abrebocas necesario que sube el telón para trasladarnos en el tiempo, y el espacio del pasado setentero de una ciudad abierta a las diversas manifestaciones del cultivo artístico local con ribetes al ámbito nacional e internacional.               

En sus primeras líneas introductoras, la autora deja sustentado el origen de su pesquisa, la escogencia de los artistas  que “pertenecen a una generación cuya mirada fue testigo de la transformación urbana de Cali” (p. 16), y el planteamiento de su tesis a partir del texto de Carmen María Jaramillo Fisuras del Arte Moderno en Colombia (2012), sobre las coincidencias temáticas de cierta generación de artistas:

… Pero, ¿por qué se dio esta coincidencia entre ámbitos artísticos tan diferentes como la literatura, el dibujo, la fotografía y el documental?, ¿cómo surgió esa mirada crítica que indagaba otras realidades sociales y culturales de la ciudad que terminaría convirtiendo a Cali en motivo de investigaciones estéticas? Una respuesta que planteo, como tesis de la investigación, es que un activador de ese interés por la ciudad fue la cinefilia –una convergencia entre las tres perspectivas que escogí para la investigación-, entendida no solo como la afición o pasión desbordada por ver cine, sino en la actitud ávida de conocer y que llevó a convertir esa afición en una escuela que contribuiría a formar un ojo” (p. 16).            

La apropiación del título de la cinta de postguerra de Roberto Rosellini Roma Ciudad Abierta -1945-, transformada al contexto local caleño, advierte de entrada la intención de la autora de sobreponer la cultura fílmica de sus fuentes en tres características ligadas a gustos particulares: el cine mexicano de la Época de Oro; la exhibición cinematográfica del Cine club de Cali en comunión con Ciudad Solar; por último, la teoría de autor, insumo cineclubistico que servía de posicionamiento a través de las obras –entre muchas- de la nueva ola francesa, Ingmar Bergman o Billy Wilder. Gran panorama cinéfilo que demuestra las narrativas visuales observadas en espacios urbanos como los teatros de barrio, sitios de encuentro vinculados a una geografía cultural dentro del contexto de creación de los autores relacionados, y activados con la creación intelectual.


El marco teórico de Katia González, “el terreno de la investigación”, se sustenta en las tertulias sostenidas por la autora en momentos donde el proyecto no existía, y la salida intelectual en su proceso de formación e inquietud histórica en la maestría de la Universidad Nacional, continuando el camino con nuevas fuentes bibliográficas, y criterios metodológicos venidos de referencias relevantes a su parecer como los de la historiadora del arte Karen Cordero Reiman, y los historiadores Carlo Ginzburg, y Aby Warburg, modo particular de vincular sus aportes a las necesidades surgidas en el rompecabezas de armar una década especialmente importante por su impacto cultural, sumando referencias básicas que contextualizan el período desde las artes en el país, y una interesante visualización de trabajos documentales del llamado Grupo de Cali:

…El periodo a estudiar está enmarcado por una serie de eventos que señalan el punto de arranque del decenio, cuando en el mismo año 1971 se inauguraron el Cine Club de Cali, Ciudad Solar, lo VI Juegos Panamericanos y la I Bienal de Artes Gráficas de Cali. Y para cerrar la década, se lleva a cabo un evento que visto en perspectiva recoge y simboliza la mirada sobre la ciudad: la exposición d “Ever Astudillo dibujos, Fernell Franco fotografías y Oscar Muñoz dibujos”, realizada en el Museo de Arte Moderno La Tertulia en 1979 (p. 18).

Cuatro rollos nos llevan por Cali, ciudad abierta, en medio del arte y cinefilia en los años setenta, y expuestos por la autora así:

-Cali, años sesenta: el inconformismo de la vanguardia: “El primer capitulo indaga en la noción de vanguardia de la década del sesenta en la voz de los nadaístas, hace un recuento de los eventos artísticos más significativos, y de su papel en la circulación de aquellas ideas de vanguardia que me llevaron a poner de relieve la importancia de una generación de artistas en Cali” (p. 23).   

-Oiga vea: un zoom out panamericano: “propone una descripción del documental para relacionarlo con tres aspectos: la película Cali, ciudad de América, los VI Juegos Panamericanos y el movimiento estudiantil de 1971. El zoom out de una secuencia cinematográfica crea una metáfora para buscar explicaciones sobre la realidad local y la transformación de la ciudad de entonces” (p. 23). El complemento de este capitulo es el aporte del cineasta Luis Ospina, quien posibilitó para los lectores tener a disposición el documental Oiga Vea -1972-, dirigida con Carlos Mayolo, y producida con Ciudad Solar en formato 16 mm, blanco y negro y con 27 minutos de duración.

-Ciudad Solar: la ciudad de “unos pocos buenos amigos”: “Se reconstruye la historia de este espacio, epicentro de la formación cinéfila que logró reunir un grupo de jóvenes alrededor de las artes plásticas y el cine; que primero estuvo ubicado en el barrio la Merced y luego en El Peñón” (p.24).

-Ever Astudillo: no es papagayo sino blanco y negro: “recorrido por la ciudad marcado por seis dibujos que refieren cada uno a lugares específicos del sector oriental de Cali. Un día nos reunimos con el artista y le propuse hacer un recorrido por su ciudad; yo había escogido unos dibujos que conocí en su exposición retrospectiva del 2006, y Astudillo definió una ruta para ubicar esas seis obras que pertenecen al sector donde transcurrieron su infancia y juventud” (p. 24).

El valor agregado de la información analizada, compilada, y descrita por la autora, son los materiales visuales de diversas fuentes de archivos que complementan la información en cada capítulo; excelente trabajo que se convierte en un álbum de recortes de prensa, fotogramas, plegables, dibujos, portadas de revistas, carteles, poemas, planos,  fotografías, folletos, catálogos, cartas, afiches, escrituras públicas, entre otros. Atractivo ejercicio el de observar y leer esa información paralela que nos pone Katia, goce para los lectores en consonancia a su objetivo de recrearnos un momento histórico especial  en el que el arte en diversas manifestaciones, se cruza en la vida cotidiana de la ciudad.        

La novedad de Cali, ciudad abierta, es su relevancia para los estudios de las manifestaciones artísticas, y su historia en el entramado social de la capital vallecaucana durante un periodo en particular. Aporta a la historiografía del arte colombiano, y sigue llenando el panorama de un periodo atractivo para muchos por su impacto colectivo e individual en el sentir de crear, entregar e integrar una idea generacional con visos representativos que notamos en el presente.

Nota
Para los interesados, el  lanzamiento del libro se realizará el próximo jueves 8 de mayo en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Hora: 5 pm. Salón: José Eustasio Rivera. Conversatorio de la autora con Sandro Romero Rey.