25.3.15

Garras de Oro: Escenarios de exhibición y análisis

La película colombiana Garras de Oro -1926- de Alfonso Martínez Velasco quien firma con el seudónimo de P.P. Jambrina, se instaura dentro de las denominadas cintas antiimperialistas latinoamericanas, con el rotulo de ser “posiblemente” la primera en poner evidencia bajo la caricaturesca figura del Tío Sam, la perdida de Panamá en 1903 bajo el criterio de la denominada “política del garrote” de Theodore Roosevelt. Su entrada,  relación, y contexto en la historia del cine colombiano, le ha valido posicionarla en el canon de películas que por su importancia han sido puestas en el lente crítico, historiográfico, y académico del país, análisis minucioso que Pedro Adrián Zuluaga ha realizado en su texto Cine Colombiano: Cánones y discursos dominantes.

La cinta se redescubre constantemente para aquellos aficionados en la filmografía nacional, sobretodo jóvenes estudiantes de cine que ven interesados y en parte emocionados, como una historia directa sobre el hecho imperialista norteamericano, se mezcla con la situación política del país, por eso los diversos espacios académicos representados en salones de clase, seminarios, congresos, encuentros, reuniones, charlas de café, etc., suman al encuentro constante de repetición para  describir, narrar, analizar y poner en contexto una parte del rompecabezas de nuestro periodo silente cinematográfico.

A partir de la experiencia, se plantea tres escenarios de representación y exhibición de Garras de Oro, diversos momentos en el proceso de formación académica y profesional que involucran al público asistente. Lo anterior, como ejercicio de observación primaria que posibilita entender las formas de asumir el mensaje de la obra en particularidades directamente relacionadas con estados de ánimo, y contextos de recepción en el marco de un hecho fílmico e histórico particular.


            Momento silente en video casetera
Al cumplirse 100 años de la perdida de Panamá en el año 2003, se fue creando el ambiente académico para realizar un evento que pusiera en evidencia algunos puntos de trascendencia histórica con respecto al contexto de la época, los influjos políticos, y las divergencias regionales presentadas en el marco de la denominada “hegemonía conservadora” venida desde el siglo XIX. Para esa coyuntura histórica, el Departamento de Historia de la Universidad del Valle, y el Área Cultural del Banco de la República en Cali, organizaron el seminario Panamá, Reflexión Histórica sobre los Sucesos de 1903.        

Fui invitado por el profesor que realizaba el evento a presentar la película como complemento a las conferencias de los expertos, enterándome que gran porcentaje del auditorio, sino todo, desconocía que la cinta de Cali Films se instauraba dentro del repertorio de nuestro cine como obra de denuncia geopolítica, lo que significó en gran parte de su exhibición, el murmullo constante de aquel que ve espacios, mensajes y momentos especiales en la narración de algo desconocido y que lo toca como espectador.

La restauración inicial de Garras de Oro quedó en su proceso primario de mudez, por eso las circunstancias de tener un auditorio lleno y conversador, sin la “paciencia” del espectador cinematográfico extremo que sin pensarlo se ata a la silla sin contemplación y parpadeo; siendo interesantemente y atractivo para descubrir que el secreteo conectaba constantemente las imágenes en movimiento con lo escuchado en las conferencias que la antecedieron.     
          
Momento sonoro y digital
En el año 2011 la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano –FPFC- organizó una retrospectiva de cine colombiano, su título Memoria Recuperada: Ciclo de Cine Restaurado, puso de manifiesto nuevamente un escenario público de exhibición con obras relevantes en la historia del cine nacional. El público, mezcla de niñez, juventud y adultez, acompañó toda la muestra con el interés relativo de quien conoce por primera vez nuestro patrimonio audiovisual.

Quienes estuvimos en la presentación y exhibición de Garras de Oro, notamos como el escenario cambia cuando la musicalización acompaña los fotogramas, labor que la FPFC logró en comunión con egresados y profesores  de Departamento de Música de la Universidad de los Andes, con el criterio musical de Francisco Zumaque, y Oscar Acevedo, posibilitando otras sensaciones, otros momentos, y ante todo sacando de sus asistentes ciertas emociones patrióticas escondidas en el fondo de su “puesta en escena de la colombianidad” como indica el libro de Nazly Maryith López.

El imperialismo yanqui a través del Tío Sam quitándonos -como a quien le amputan un miembro de su cuerpo-  el mapa del departamento de Panamá del resto de Colombia; la bandera nacional coloreada a mano; y la breve marcha de unos niños el 20 de julio con las notas de nuestro himno bellamente musicalizadas, crearon un efecto fervoroso en nuestro más viejos espectadores a través de la queja y el ¡viva Colombia!, con los respectivos honores respetuosos de pararse ante el emotivo acto.    

Momento del Performance fílmico y musical
La puesta en escena del grupo Le Balcon, ensamble de música contemporánea (Francia) en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango, significó acercarse un poco a los tiempos de exhibición de los primeros treinta años del cine a principios del siglo pasado, cuando en algunos  salones se proyectaban las películas silentes junto al complemento musical de una banda que asumía los momentos más cruciales de la obra con los acordes emocionados de una partitura hecha para cine.

La edición realizada a Garras de Oro para la sonoridad estridente de los minutos que soportamos en la sala, pone otra forma de entender la relación espectador, obra fílmica y música, en este caso observando en tres espacios de la sala la película que ha sido retocada y reinterpretada con  escenas que no hacen parte de lo que conocemos actualmente en la copia restaurada por la FPFC. Le Balcon  se ubica como parte de la película, los espectadores vemos al director de orquesta transformado en Tío Sam, dirigiendo de forma espontanea su grupo de músicos y cantantes, entrando en la transparencia de un telón que los posiciona indirectamente ante el hecho narrativo de un trasfondo cultural, histórico, político y social, donde Colombia y Estados Unidos se ven involucrados:

[…] En este último sentido surgen algunos elementos controvertibles en el montaje de Carreño y Nieto; me concentraré en uno: Tener al director musical –ya de entrada una figura aristocrática… fascista, de hecho, según la descripción de Elías Canetti- disfrazado de Tío Sam genera una sensación intolerable. En primera instancia los intérpretes y por extensión el público, caemos todos bajo su escrutinio y dominio despótico… el de cualquier director, claro, pero en este caso es peor aún, pues es el mismo Tío Sam fantasmagórico que vemos en la película, primero despedazando físicamente y luego comprando moralmente el país. Los pocos momentos de independencia que algunos logran, por ejemplo en el numeral XII, son efímeros y todos vuelven a caer bajo el mandato del director. Pero recordemos, además, que este numeral es el que cita a Bach y que el nombre de la cantata que cita es “Lo que Dios hace, bien hecho está”. Esto sugiere que la estructura de poder que está siendo representada (vinculada finalmente a la “Doctrina del destino manifiesto” que argumentó el expansionismo estadounidense desde el siglo XIX) existe por designio divino y su validez resulta, por definición, incuestionable (Programa de mano Le Balcon, domingo 15 de marzo de 2015).             

Adrede, y en burla, aceptamos la tiranía musical del director con su caricaturesca figura que relacionamos llanamente con los dos instantes de suspenso que tenemos al observarlo inmisericorde y asombrado con su garras de oro en la cinta de P.P Jambrina. Por lo tanto, en ese “destino manifiesto” que parece todavía vigente en pleno siglo XXI, nos encontramos con otro instante del sentir fílmico con las emociones de los vecinos de al lado y al frente, descubriendo en uno de los casos –sin sonrojarse- a la salida del acto, que las nauseas estuvieron presentes en algunas partes del espectáculo, tal vez las mismas que tuvieron los representantes de la empresa filmadora en 1926 para atreverse a retratar al yanqui más vistoso del Panamá colombiano en la repartición imperialista.           

Finalmente
El susurro  académico, el efecto patriótico, y la nausea antiimperialista, representan tres momentos de asumir el hecho fílmico de una obra particularmente especial por su connotación histórica, y el “detrás de cámara” de su realización, exhibición y censura, temas que investigaron y pusieron sobre el foco del contexto académico Jorge Orlando Melo, Rodrigo Vidal,  Juan Guillermo Buenaventura, Jorge Nieto, Rito Alberto Torres, Juana Suarez, y Ramiro Arbeláez. Tema de inclusión que viene desde los años ochentas del siglo pasado, y que posibilita actualmente seguir su estela con viejos y nuevos marcos de referencia en eso que acertadamente distinguimos como interdisciplinariedad en constante, estado de conversación, trabajo en grupo, y  divulgación.               

Referencias en la web

Nota de una actividad paralela en la Biblioteca Luis Ángel Arango
En su actividad complementaria, la biblioteca organizó una conferencia el 14 de marzo de 2015, con título “engañoso” en su mediática publicidad a través de su página y en los mensajes privados de quienes nos inscribimos. Se entiende que el conferencista no tiene responsabilidad en el rotulo con el que publicitó la BLAA su charla, la cual se anunciaba “Garras de oro y la pérdida de Panamá: el cine, la censura y la crítica”, encontrándonos los asistentes con escuetas referencias inconclusas que no ubicaban en contexto la cinta, es decir, en los antecedentes y momentos del cine colombiano en sus primeros años, y su influjo como patrimonio audiovisual. 

Por el contrario, su referencia teórica estuvo enmarcada en el concepto del disenso en algunas obras de nuestro cine: Canaguaro, El Río de las Tumbas, Todos tus Muertos, y La Sombra del Caminante. Quien escribe, quedó literalmente con “el micrófono en la mano” en las intervenciones finales del público, cuando fue silenciado por el moderador para culminar la jornada, sin poder ampliar temas y conversar con Prieto para aclarar su posición con respecto a que “poco se ha escrito sobre la separación de Panamá”, algo que es injustificable a la hora de revisar una historiografía sobre el hecho histórico documentado, tanto en los cien años de su perdida en el 2003, cómo en los textos y tesis que se escribieron sobre el tema durante el siglo XX.
  


6.3.15

Tiempo de Cine: Tiempos del Olympia

“El Salón Olympia estaba situado entre las carreras séptima y trece, costado sur de la calle 25. El recinto media por lo menos setenta metros en el sentido este oeste y unos treinta metros de ancho. La cabina de proyección, al fondo, quedaba al oriente, junto a los palcos principales un tanto elevados sobre la platea, para el público que pagaba más y veía de frente la pantalla instalada en medio del salón. A ambos lados de platea, los palcos laterales para familias abonadas. La galería para el púbico de menos ingresos, que veía la proyección la revés, se desarrollaba hacia occidente, donde estaba el escenario, con telón pintado por Coriolano Leudo, tramoya, socavones y camerinos” (Tiempos del Olympia, p.54)

En 1992 la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano –FPFC- publicó un libro de lujo en su diagramación y contenido, Tiempos del Olympia, investigación histórica que describe y analiza un período trascendental en la exhibición cinematográfica colombiana y sus relaciones alternas con la producción y el posicionamiento comercial y fílmico de los denominados pioneros del cine colombiano en cabeza y juicio de los hermanos Di Domenico. Investigación a cargo de dos apasionados cinéfilos vinculados a la gestión y preservación de nuestro patrimonio audiovisual: Jorge Nieto –Q.E.P.D.- y Diego Rojas, historiadores del cine colombiano vinculados al proceso de fortalecimiento de nuestras imágenes en movimiento como afición, entrega, y oficio en dirección de una divulgación eficaz.    

El primer proyecto editorial de la FPFC celebra los 80 años de la inauguración del Salón Olympia de Bogotá el 12 de diciembre de 1912. En sus agradecimientos los autores ponen de manifiesto la labor encomiable de Leila El´Gazi quien “recogió, descifró y ordenó la voluminosa y dispersa información textual y gráfica”, reflejo directo que notamos en cada una de las 132 páginas en la citación entrelazada con el bosquejo analítico, y descriptivo que se cruza con diversas imágenes de complemento asemejándose a un viejo álbum familiar de cartas, postales, recortes de prensa, y  fotografías.

Al abrir el libro, encontramos los lazos familiares que serán nombrados en el desarrollo de vínculos empresariales, árbol genealógico interesante que deja entrever las relaciones sociales y matrimoniales, complemento ajustado a los registros fotográficos de “los protagonistas”: Francesco Di Domenico Cozzarelli, Vincenzo Di Domenico Cozzarelli, Giuseppe Di Ruggiero, Erminio Di Ruggiero, Giovanni Di Domenico Mazzoli, Donato Di Domenico Mazzoli.    

La organización de esta función escrita se presenta a usanza de los programas cinematográficos o eventos artísticos programados por nuestros salones de espectáculos, con seis actos iniciales, un intermedio visualmente bello,  y cinco actos finales que se presentan tal cual maravillosa forma quijotesca; terminado con un índice de películas, y el listado de fuentes usadas.  


El efecto mediático de un salón lujoso para la capital colombiana, desplegó una serie de comentarios de prensa que vislumbraban un cambio para la ciudad en sus formas de acercarse al cine, con regularidad se enfatizaba en comparaciones con otros teatros europeos, reseñas de películas, y su orden moral dentro del contexto de las buenas costumbres adoptadas por el Estado en su constitución política de 1886:

…“Próximamente se estrenará un magnifico aparato cinematográfico de los señores Di Doménico Hermanos, último modelo, en un magnifico edifico estilo europeo, que con tal objeto se edificara en san Diego”, se informó desde febrero de 1912. La noticia daba detalles sobre la instalación eléctrica (“será propia”) y sobre la capacidad de los patios y salones (“para 5,000 personas”).
“Por fin tendremos en Bogotá un teatro al estilo de El Olympia de París o de la Alhambra de Londres”, se afirmó con entusiasmo en junio a propósito del “gran salón para toda clase de diversiones”, dotado con “todas las condiciones de elegancia y confort […] parece que el edificio será destinado específicamente para exhibiciones cinematográficas”. En octubre se anuncia el 2próximo traslado” del aparato de los Di Doménico “del pabellón de Mecánica del Bosque al nuevo y elegante Teatro Olympia”, y se avisa de la “enorme y variada remesa de películas” traídas de Europa, “entre las cuales hay muchísimas de interés directo para Bogotá”, con la advertencia  e que “ninguna de las nuevas películas adolece de inmoralidad”, pues “`para la escogencia de ellas se tuvieron ante todo en cuenta el gusto bogotano y la tendencia ilustrativa que a esta clase de espectáculos ha querido darse en los pueblos civilizados del globo. Que así sea” (p.57).     

Los innumerables momentos de encuentro que tuvo la sociedad bogotana en el “gigante” de San Diego, estuvieron marcados por las imágenes en movimiento, piezas musicales, conferencias académicas y políticas, actos de beneficencia, reinados de belleza, encuentros causales y amorosos, discusiones acaloradas, bullicio de niños, el rumor dirigido a los recién llegados, y así significativamente toda una serie de formas de pensar y sentir del acontecer de un momento importante alrededor de un espacio público central dispuesto para el goce que podía pasar a las “noches de angustia” ante el inconformismo de los asistentes ante alguna obra que se salía de sus formas de ver y pensar el mensaje fílmico. 

Revisando el listado de cintas que se reseñan en la obra, Nieto y Rojas destacan las nacionales, en su orden alfabético: Aura o las Violetas; Bajo el Cielo Antioqueño; El Charquito; Carnaval de Barranquilla en 1914; Como los Muertos; Conquistadores de Almas; De Barranquilla a Girardot; Dos Nobles Corazones; El Amor, el Deber, y el Crimen; El Cronófono subiendo por los Andes; El Drama del 15 de Octubre; Inauguración del Monumento a Ricaurte; La Fiesta del Corpus y de San Antonio; La Fiesta de las Flores; La Fiesta del Domingo 14 en la Escuela Militar; La Hija del Tequendama; La Procesión Cívica del 18 de Julio; Las Fiestas del centenario de Cundinamarca; Maniobras del Ejercito en el Puente del Común; María; Primer Congreso Mariano Nacional (y de Homenaje a la Virgen de Chiquinquirá); Ricaurte en San Mateo; SICLA Journal; “Última Fiesta de Noviembre”; Una Notabilidad Rural.

Inferimos que muchas de los filmes presentados hacen parte de un primitivo principio cinematográfico de registrar el acontecer diario en fiestas, paradas castrenses, encuentros religiosos, celebraciones patrióticas, y noticieros de variedades; igualmente algunos largometrajes nacionales representativos del periodo silente sobrevivientes del desastre del vinagre por el acetato de celulosa fílmico, otros simplemente esfumados del proyector de los tiempos, reconstruidos por medio del dato de la crónica, el periodismo, y la historia del cine colombiano.

El Teatro de Cine, como objeto estudio en Colombia, ha tenido pocas investigaciones, y tal vez solo una que se centre en las diversas aristas de las posibilidades que el cine ofrece en aspectos como la exhibición, la producción, la crítica, el público, la tecnología, la economía, etc. Precisamente Tiempos Olympia nos ofrece esa posibilidad historiográfica de acercarnos a diversos temas en el marco de un eje central de recepción social a través del cinematógrafo. Momento histórico de Bogotá que podemos analizar desde diversos puntos de la historia cultural.

En su último aliento, el libro nos pone ante la caída literal de los muros del Salón Olympia, reflejo directo de décadas pasadas ante los cambios suscitados en el paso del teatro de barrio al cineplex; ya en ese momento, cambiaba la ciudad, se ampliaba, desplazaba, y reconstruía, y en eso no era ajeno la grandeza arquitectónica que adornaba la esquina de la calle 25:

…Un sábado de mayo de 1945 la prensa publicó: “El Olympia sintetiza toda una época de gratas y hermosas añoranzas, casi medio siglo de encantadores recuerdos para varias generaciones de pura estirpe santafereña que por primera vez contemplaron las grandes hazañas de héroes ya desaparecidos, que vieron admirados el embrujo de aquel endiablado apartito por cuyos haces de luz brotaban imágenes, ruidos y sonidos milagrosos”. El domingo se exhibieron  “en matinal, a 0.15, Chan en Río y ¡Qué par de reclutas!, en matiné doble a 0.30 Blanca Paloma y el corto de Manolete, y en vespertina y noche, a 0.20, El Capitán Blood para todos”.
El siguiente lunes terminaron los días del Olympia, cuando una piqueta municipal, “la piqueta del progreso”, comenzó a demoler sus muros y estructuras para dar paso a la continuación de una calle, la actual carrera novena, que trazaba un nuevo destino al terreno. Después quedaron solamente estos recuerdos del más importante salón de cine en los que fueron los tiempos del Olympia” (p. 130).    

Así, cada ciudad tiene en su memoria colectiva -cada vez menos narrada-, las influencias y gustos por el arte mágico del entretenimiento donde el cine cabe con todos sus significados. En la búsqueda, en el encuentro, y en la compilación documental, podríamos descubrir muchos salones o teatros que marcaron una época, un territorio, y funcionaron como cohesionadores de sentimientos aunados al vaivén de la agitada vida urbana, o al sosiego insoportable de una población bucólica.        

Finalmente, podríamos ubicar este libro como un clásico de la literatura que sobre el cine nacional, y uno de sus teatros más representativos, se ha escrito en el país; conexión del archivo fílmico que demuestra la experticia, el gusto desmesurado por el cine, y la “amabilidad” de los investigadores en entregarnos un documento para el deleite de la lectura, y la observación gráfica.


Ahí queda el ejemplo, una forma entre muchas de hacer historia del cine.