28.11.15

Claves Fílmicas e Históricas en Garras de Oro-Herida Abierta de un Continente-

Aproximarnos a nuestro pasado cinematográfico por medio de escenas que perduran en el tiempo a través de su protección, preservación y restauración, posibilita conocer un periodo especial de nuestra historia, posicionando pesquisas de diverso orden en la constante revisión de filmes que en el presente están al alcance de nuestra apreciación por su difusión patrimonial con elementos de análisis que dan crédito de una época con particularidades enfocadas en la vida cotidiana, sus costumbres, tragedias y encantos: Ficción o realidad con el país de fondo.


En el año 2007 llegué por invitación del profesor Ramiro Arbeláez al entorno de su actividad como investigador académico de la Historia del Cine Colombiano con un tema en particular: ¿Quién es P.P. Jambrina? Ya había tenido su año sabático que lo llevó por los principales archivos y bibliotecas de Cali y Bogotá para descubrir al hombre detrás del seudónimo; se había presentado a la Beca de Investigación en Cine del Ministerio de Cultura –sir ser escogido-; y ante todo, había descubierto su objeto de estudio con la paciencia y efectividad que lo caracteriza. Así que simplemente continué durante año y medio su estela de hallazgos que sirvieron para armar el rompecabezas de tal vez la película más importante de nuestro período silente realizada en 1926.

El documental Garras de Oro –Herida Abierta de un Continente- realizado por Ramiro Arbeláez y Oscar Campo, entrega al espectador claves fílmicas e históricas con diversos espacios geográficos que ponen de manifiesto las movidas de una película que despierta muchas incertidumbres por su contenido político en contra del imperialismo norteamericano, sus espacios de exhibición, y el trasfondo de su puesta en escena y censura por el país del Tío Sam.
Este documental de corte histórico, tiene pocos antecedentes en nuestro país, citare dos casos: Primero, En Busca de María -1985- de Jorge Nieto y Luis Ospina, recreando la realización de nuestro primer largometraje titulado María -1922-, con aportes directos de algunos de sus actores, y la búsqueda patrimonial de recordarla ante sus escasos 25 segundos representada en 4 planos. Segundo, la colección Historia del Cine Colombiano realizada por la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano –FPFC- en 14 capítulos, serie representativa que posibilita tener un panorama interesante de nuestras imágenes en movimiento desde Los Pioneros (1897-1922), hasta Cine Colombiano (2004-2008). 



Arbeláez traspasa el límite de la investigación histórica del dato, el documento, su análisis e interpretación, al del encuentro con otros autores que han tendido vínculos con la obra intervenida; lo hace con el documentalista Oscar Campo para dilucidar temas y allanar caminos en clave cinematográfica, minutos suficientes para ver nuevamente Garras de Oro, e ir aparejando el rompecabezas que propone Ramiro con su voz en off, y las apariciones precisas que entregan opiniones en pos de entender porque una película colombiana muda despierta tantos gustos en el engranaje de una producción nacional que en los años veinte del siglo pasado apenas alcanzaba unas escasas obras.
Con las primeras imágenes de la cinta silente, el documental nos pone en contexto con su descubrimiento, realización y contenidos, tesoro que durante más de 50 años estuvo escondido, resurgiendo de la destrucción del nitrato de celulosa en los años ochentas. Entra Luis Ospina en dialogo con Arbeláez para advertirnos sobre lo que él observó en la moviola de la FPFC con Jorge Nieto en lo ochentas, visos particulares a ojo de buen cinéfilo que marcan ya una huella en su realización.   

Su encuentro, resguardo y preservación, se resume desde el espacio de la FPFC con el subdirector técnico y dos especialistas que entregan datos importantes en torno a una de las escenas de la cinta donde aparece la bandera colombiana coloreada a mano. Antecedente representativo para ubicar la capital colombiana como centralidad de nuestro patrimonio a través de sus instituciones, ejemplo concreto la Biblioteca Nacional y su acervo documental como base de estudio para dilucidar un nombre y su acción: P.P. Jambrina, Garras de Oro, y allí el historiador tras la referencia.
El hombre tocado con la “varita mágica” del preservador, aparece en función de relatar su encuentro con las latas oxidadas que guardaban la cinta caleña. Rodrigo Vidal desde una de las butacas del teatro Jorge Isaacs, le cuenta a Ramiro lo ocurrido en los años ochentas cuando recibió una misteriosa llamada que lo ponía en dirección de descubrir otra cinta colombiana, relato lleno de sigilo que deja escapar una tesis del porqué fue censurada en su momento la película, y su conexión con otros acontecimientos de orden público, político y religioso vividos en 1928 con el incendio del Teatro Moderno.

Arbeláez se presenta en su espacio académico y laboral, la Universidad del Valle y su sede en el barrio Meléndez de Cali, visualizada a través de lo que dicen sus paredes, llena de mensajes políticos y antimperialistas. Contexto que sirve para que él nos hable de la historia del cine en la capital vallecaucana, presente uno de los barrios más representativos, y ate con ello una tesis sobre la pérdida de Panamá  y el crecimiento de su ciudad; momento cumbre para presentar a Alfonso Martínez Velasco, el hombre tras la firma Jambrina, y conversar con su hijo, valor agregado para entender a su padre, y algunos de los vericuetos en los que se vio inmerso en la sociedad caleña de las primeras décadas del Siglo XX.  
    
Estados Unidos, el país de los “yanquilandeses”, entra en escena con el contexto internacional que involucra Garras de Oro, y los esfuerzos por evitar su exhibición en Latinoamérica, noticia que ya el historiador Jorge Orlando Melo había puesto en circulación, y que Juana Suarez, Oscar Campo y Ramiro Arbeláez, puntualizan con la visita a los Archivos del Departamento de Estado en Washington. Un segundo movimiento en el “país de los rascacielos”, es la participación de Suarez y Arbeláez en el XVI Encuentro de Colombianistas en la Universidad de Virginia en el año 2009, oportunidad para exhibir la película, y dialogar sobre su importancia histórica, momento que parece decepcionante para el profesor “univalluno” por el escaso público que asiste, pero que tiene su recompensa al tener a alguien que valora y reconoce en la investigación realizada un punto alto de intervención desde su posición de espectador. Por último, la exhibición del filme en el Simposio de Películas Huérfanas en New York en el año 2008, y las apreciaciones de un especialista en el tema, Dan       Streible.
En la película vemos la caricaturesca figura del imperialismo gringo decimonónica quitando del mapa el Departamento de Panamá, escena perfecta que no ahorra en elementos simbólicos para explicar sencillamente el despojo, elemento discursivo que explica lo que el historiador panameño Ovidio Díaz Ospino ha investigado sobre los falsos patriotas que supuestamente fortalecieron la idea de independizarse de nuestro país, explicación que muestra el tejemaneje del gobierno Norteamericano, y sus implicaciones políticas que dieron como resultado su soberanía sobre el Canal. Para el espectador, podría ser uno de los momentos cumbres donde los directores del documental nos ponen la historia detrás de uno de los puntos centrales de Garras de Oro, la intervención de Estados Unidos, sus intereses económicos, y la llamada Doctrina el Gran Garrote de Theodore Roosevelt.   
Otro punto de discusión son los escenarios de filmación de la cinta, para eso la documentalista Olga Gutiérrez desde Milán –Italia- indaga a expertos, confirmando datos como el de la actriz Lucia Sanucci –Bertha-, y dejar otras referencias que incrementan las dudas sobre los espacios de realización.  Finalmente, Ramiro Arbeláez deja en sus conclusiones una serie de preguntas y dudas que surgen al entrar en el corazón de un filme que marca para nuestro país un punto alto en su análisis, divulgación, exhibición e intervención, quedando en las “garras del canon” como afirma Pedro Adrián Zuluaga.
Para una sesión de Historia del Cine Colombiano, el documental proporciona elementos interesantes que pueden propiciar diálogos sobre un hecho histórico,  su representación fílmica, y sus apropiaciones desde otras disciplinas. La posibilidad de tener parte de la obra restaurada, juega en el montaje que proponen los autores, con importantes reflexiones que conectan ideas unas tras otras. Resulta para los interesados en nuestro cine la oportunidad para seguir aprendiendo, y ver metódicamente como una investigación académica puede ser llevada hasta extremos insospechados a pesar de sus enigmas.
Por último, ya es hora de ir pensando en un kit fílmico, o caja cinematográfica con Garras de Oro, el documental reseñado, y un libro con datos de la película, material que los amantes del cine sabremos disfrutar, exhibir,  y propagar.  
Imágenes
-Hacen parte del documental, editadas por el autor del texto.
Afiche
-Realizado en el Museo de Arte La Tertulia, Cali.
 Ficha Técnica
Garras de Oro –Herida Abierta de un Continente-
Directores: Ramiro Arbeláez y Oscar Campo.
Productor: Oscar Campo y Jhina Hernández.
Director de Fotografía: Oscar Campo.
Cámara: Oscar Campo, Santiago Lozano, Rodrigo Ramos, Miguel Ángel Polo, Gabriel A. Morales, George Leidsmar.
Sonido: Felipe Rayo, César Torres, Félix Corredor
Compañía de producción: Universidad del Valle, Cintadhesiva Comunicaciones
Música original: Alejandro Ramí­rez
Idioma: Español
Fondo para el desarrollo Cinematográfico-Proimágenes Colombia-Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano-Universidad del Valle-Cintadhesiva

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