martes, abril 12, 2016

El fin justifica el cine

El cineasta Luis Ospina nos entrega un manifiesto generacional del denominado Grupo de Cali en un extenso e intenso documental poniéndonos en contexto con su vida, la de dos de sus amigos entrañables, y el resto de la pandilla que llegó por efecto fílmico a su vida como realizador: fotógrafos, directores de arte, montajistas, camarógrafos, actores, y unos buenos pocos amigos. Todo comenzó por el fin es un gran collage histórico del cine colombiano desde la perspectiva de un espacio geográfico definido desde el presente en retrospectiva hasta mediados del siglo XX, pulso inicial para entrar en el archivo y conocer visos de su vida familiar en la infancia donde la cámara recrea cotidianidades hasta ponernos en otro momento, la del paciente Ospina, donde parece la enfermedad es el fin de una vida hecha rollo en plena realización fílmica.

La entrada a la intimidad del director caleño es desbordante, sin tapujos nos pone ante su situación médica y los devenires que conllevan ante los diagnósticos, las intervenciones quirúrgicas, y ese sosiego que significa el ejercicio de memoria lleno de olvido, el encuentro de amigos que atraviesa toda la cinta, y el adecuado montaje que se realiza para ir tejiendo estratégicamente la vida de Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, y allí un montón de anecdotario que le da voz a muchos en el intrincado fenómeno estético del cine en medio del sexo, la música, y las drogas, todo bajo la premisa del fracasado sueño sesentero del cual hicieron parte. Así, “ellos de rumba, y el mundo se derrumba”.       

El uso de los archivos fílmicos sobresale por la misma eficacia de Luis Ospina al conservar sus documentos y posibilitar años atrás -en parte-  su acceso; por ende, el camino que él despeja para entregarle al espectador una narración fluida y acondicionada a un estilo ya marcado en sus pasados trabajos audiovisuales, reusados, y apropiados nuevamente como hipertextos. Pero el tema del grupo caleño de por sí, ha sido un copioso objeto de estudio desde miradas independientes a sus cabezas visibles o en conjunto en monografías de grados, ensayos literarios, exposiciones museísticas, artículos académicos u objetos audiovisuales con constantes temas transversales que incluyen nombres, épocas, obras, y un largo etcétera.

Lo anterior nos posiciona directamente para entender un momento de largo aliento que deviene más o menos en tres décadas que mezclan las etapas más disimiles que ya el profesor Ramiro Arbeláez se ha atrevido en clasificar en cinefilia, experimentación, y realización, las tres en conjunción con el Cine club de Cali, Ciudad Solar, la Universidad del Valle, la Cinemateca la Tertulia, el Canal Regional Telepacífico, y claro está, el contexto de la ciudad de Cali con sus teatros de barrio, la situación sociocultural, sus transformaciones urbanísticas, y la violencia que se identifica desde la explosión del 7 de agosto de 1956, hasta el fenómeno del narcotráfico con el “dinero fácil” de los años ochenta.


Un punto importante de este tema, es que los tres personajes puestos en lente han dejado obra escrita para inferir parte de su pensamiento intelectual vinculado al arte de la crítica, la literatura, el cine, la televisión, y las vicisitudes que eso conlleva. Tenemos entonces en la obra literaria y de crítica cinematográfica de Andrés Caicedo, las formas de comprender un mundo y estado de ánimo vinculado a su vida; en los dos libros de Carlos Mayolo, la singularidad a desparpajo de reconocer su accionar con el cine y lo televisivo; y en Luis Ospina, con sus “palabras al viento”, la pluma que juega con el lector y su visión del cine a través de sus “sobras” completas. Los tres escenarios vivenciales escritos, puestos en papel, son el mejor ejemplo de la necesidad que tiene el cinéfilo y realizador fílmico de dejar un registro, incluyendo la notoria correspondencia de los tres que sirve de parangón privado y público del sentir de un momento; por lo tanto, esa elaboración tiene una relevancia especial para el escenario de armar un rompecabezas especifico que tiene como línea temática lo fílmico, y en él, todo un séquito de personas que posibilitaron armar un mundo ligado a escenarios con una marca especial de representaciones, lo cual sucede de forma rápida y resumida en el documental reseñado.

Esta autobiografía fílmica que tiene marca certificada en el contexto mundial, nos deja como enseñanza que los procesos de realización cinematográfica siempre tienen un desarrollo grupal de arraigo fuerte, en cabeza de pocos que se distinguen sobre los demás, pero que imprimen un sello distintivo para dejar obras y huellas paralelas en otros escenarios de producción, desde los artísticos, hasta los académicos; posicionándolos en el entramado cultural, histórico, sociológico, y hasta político, situación que es recurrente y efectiva en este caso de estudio que atrae nuevos conocedores, y aumenta el conocimiento de esos viejos aficionados a ese influjo cultural tan atractivo y lleno de cine.    

Estamos entonces ante una obra compleja para aquellos que desconocen el desarrollo histórico del cine colombiano, y allí la situación social del país; no es cuestión de ser un “simple fanático” del grupo de Cali para hacerse la idea con este documental de ser ya un experto en el tema sin inmutarse en el riesgo que eso conlleva; el mismo que identifique en el grupo de personas que abandonaron la sala un poco estupefactos ante el intenso montaje de esos “locos de Cali”, o los que viéndola decían que era una película demasiada pesada y extenuante para una sentada de más de dos horas. Quedan las sensaciones, y las diversas miradas que suscita Todo comenzó por el fin, cada una apoyada en la mirada individual o colectiva que despierta ojo por ojo.   

Ficha técnica
Género: Documental.
Dirección: Luis Ospina.
Producción: Luis Ospina.
Producción ejecutiva: Sasha Quintero.
Guión: Luis Ospina.
Director de Fotografía: Francisco Medina.
Fotografía adicional: José Luis Guerín, Lina González, Luis Ospina, Rubén Mendoza, Margarita Peña, Miguel Salazar, Jaime Bonilla, Óscar Campo, Ramiro Arbeláez.
Edición: Gustavo Vasco / Luis Ospina.
Música: Camilo Sababria, Franz Schubert, Los Speakers, Johnny Pacheco & Rolando Laserie, Junior Jein, Bloque de Búsqueda.

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