7.2.18

La voz “silenciosa” de Ciro


Una sala casi al tope después de una semana de su estreno, y al medio día, es un buen punto de análisis para entender la percepción del publico colombiano ante un documental de sello nacional. Factor único que posibilita ver los cambios que se están dando en el accionar de acercarse a nuestro cine, sobre todo si desde el documental nos están enviando mensajes directos sobre el acontecer nacional a través de la historia de vida de un hombre que sufrió la violencia de los últimos 30 años con su familia, y allí como detonante el posicionamiento geográfico que significa la zona de la Macarena en el departamento del Meta.

Ciro & yo, de Miguel Salazar, llega en momentos “in-estables” en la percepción que se tiene de un reciente proceso de Paz con la guerrilla de las FARC, uno de los actores centrales de la historia que nos narra don Ciro Galindo; personaje que representa miles de colombianos que han sufrido vejámenes por diferentes actores del conflicto, ahí, en esa sobriedad, paciencia, y enfado silencioso, lo vemos contar su vida, la de sus hijos, la de su esposa, la del país en una parte; no como nos indica su director al sentenciar de forma categórica y echándole ese peso a don Ciro, que en él “se resume la historia de Colombia”.


Acercarse y tomar distancia de la narración conlleva ciertos mecanismos de análisis que van siendo comunes -en nuestras familias- al identificar rasgos específicos en Ciro:

-La violencia como eje central de la historia vivida desde su niñez, y sus miedos por la posible incorporación en las guerrillas del Llano en los años cincuenta del siglo XX por parte de Dumar Aljure, un hecho histórico relevante para entender otro momento de nuestra historia.     
-Ser un hombre campesino, vinculado a un mundo rural marcado por muchos conflictos derivados de la tierra.
-Victima, y revictimizado, el personaje es mostrado en varios momentos de crisis, las de los actores armados -ejercito, guerrilla, paramilitares, policía-, y desde el Estado con sus programas de víctimas, vivienda y resocialización.         
-Las vicisitudes de Ciro son una marca indeleble de otros ciudadanos que han pasado por ese camino del desarraigo, pero que en su recorrido no han vivenciado la oportunidad de contar su historia, de hacerla mediática, reconocida y analizada, punto esencial que da el cine.

Partiendo de los puntos citados, podemos como espectadores sensibles asumir ante que nos enfrentamos con el documentalista, y su visión del conflicto interno, ese “yo” dimensionado que posiciona desde otra orilla a ese observador que tiene el poder de decirnos que contar de Ciro, como hacerlo, que imágenes usar, y narrarlas con su dejo imponente, acento que tiene ciertas marcas distintivas cuando se trata de contextualizar con el archivo audiovisual, el acontecer bélico nacional que atrapó a su personaje, sobretodo el dirigido a la guerrilla, quedando cierto desnivel ante la posibilidad de haber puesto sobre la balanza de la imparcialidad los actos del paramilitarismo, que también en el caso de sus hijos, son sufridos.

Quedamos con una obra relevante en nuestra cinematografía, una narración especial desde el alma de don Ciro Galindo, una voz que en el presente nos informa del pasado reciente con la efectividad de ser tenida en cuenta en el futuro incierto de esta maraña particular de nuestra historia política y social.      


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